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18 de julio 2026 - 00:00

El antiguo garaje de Colegiales que se convirtió en restaurante con vinilos, cocina creativa y vinos de baja intervención

Diez Treinta funciona en Crámer 1030 y propone una salida que combina cocina de temporada, etiquetas de baja intervención y una programación musical con discos seleccionados en alta fidelidad.

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El antiguo garaje de Colegiales que se convirtió en restaurante con vinilos, cocina creativa y vinos de baja intervención.

En la escena gastronómica porteña, donde cada vez más restaurantes buscan construir identidad más allá del menú, Diez Treinta aparece como una propuesta difícil de encasillar. Abrió en noviembre de 2025 y trabaja sobre una idea clara: la experiencia de salir a comer también puede definirse por la música en vinilo, la copa elegida y la intimidad del espacio. La carta sigue una lógica estacional y combina técnicas francesas y mediterráneas con ingredientes y sabores latinoamericanos. En la cocina se preparan caldos, fermentos, salsas picantes y pastas de curry, con un uso medido del picante como parte del perfil de algunos platos.

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El proyecto lleva la firma de Eliseo Martínez, chef venezolano, artista y productor musical. Su recorrido explica buena parte del concepto: la cocina convive con discos, fotografía, arte gráfico y una programación cultural que cambia mensualmente. El nombre también habla de esa identidad sin artificios: Diez Treinta nace de la propia dirección del local, Crámer 1030, el antiguo garaje donde tomó forma el restaurante y que fue intervenido sin borrar por completo su origen. Ladrillos expuestos, cañerías a la vista, columnas trabajadas y materiales sin revestir definen un salón de formato reducido, con unos 28 cubiertos, cocina abierta, cava visible y un pequeño deck exterior. La estética acompaña la experiencia sin desplazar lo importante: lo que sucede en la mesa y lo que suena alrededor.

La música tiene un rol más activo que en un restaurante tradicional. En Diez Treinta no hay una playlist en automático: el equipo selecciona discos, muchos de la colección personal de Martínez, y los reproduce en un sistema de alta fidelidad. La curaduría se mueve entre soul, jazz, R&B, hip hop, neo soul y reggae, con una acústica pensada para que la escucha acompañe la cena sin impedir la conversación.

Diez Treinta funciona en Crámer 1030 y propone una salida que combina cocina de temporada, etiquetas de baja intervención y una programación musical con discos seleccionados en alta fidelidad.

Ese perfil también se extiende a la agenda del lugar. Hay listening sessions dedicadas a álbumes completos, encuentros con coleccionistas, invitados y selectores, shows de formato íntimo y exposiciones temporales. La propuesta suma así una capa cultural que convierte al espacio en algo más que un restaurante de noche: funciona como punto de reunión para quienes se acercan por la comida, pero también por el vino, los discos y las actividades que se programan cada mes.

Al inicio se ofrecen opciones como las berenjenas “unagi”, glaseadas y servidas con alioli de cenizas, pickles, hierbas y sésamo negro; las croquetas de mar, con pescado, langostinos y calamar; y las milhojas de papas bravas, con crema picante y ciboulette.

Entre los principales, el menú incluye tataki de bife de chorizo con ponzu de naranja asada, curry de langostinos con leche de coco, vegetales, arroz y pan naan, y costillas glaseadas con kimchi, batata a la miel, edamame y gochujang. También pueden encontrarse pesca del día, arroz de mar y ojo de bife con gratén de tubérculos.

El final dulce mantiene el mismo criterio de sabores definidos. El cremoso de choco combina mousse de chocolate semiamargo, cacao y frutas de estación, mientras que otra opción trabaja con mascarpone, frutos rojos y helado de yogur casero.

La bebida acompaña el concepto general del lugar. La carta reúne vinos de baja intervención de pequeños y medianos productores argentinos, con etiquetas de distintas zonas vitivinícolas. Además, la modalidad Open Bottle permite probar por copa botellas que no forman parte de la selección habitual. La barra suma clásicos como vermut, Negroni y gin tonic.

Por su tamaño, cocina en movimiento y relación directa con la cultura musical, Diez Treinta ofrece una alternativa dentro del circuito gastronómico de Colegiales. Una dirección para quienes buscan una cena donde los platos importan, pero también el disco que suena, la copa que acompaña y el clima que se arma alrededor de la mesa.

Dirección: Crámer 1030, Colegiales.

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