Gran parte de nuestra vida la pasamos trabajando, generalmente un tercio de nuestro día está dedicado a lo laboral, por eso es difícil pensar la salud mental como algo que queda afuera de la empresa o la computadora. El trabajo puede ser una fuente de crecimiento, pertenencia y desarrollo personal, pero también puede convertirse en un espacio de desgaste cuando las demandas superan de manera sostenida los recursos que una persona tiene para afrontarlas.
La salud mental empieza a ponerse en juego cuando el malestar deja de ser una respuesta puntual frente a algo difícil y comienza a instalarse como forma habitual de vivir el trabajo. Dormir pensando en lo pendiente, sentir ansiedad los domingos, estar irritable, perder concentración, vivir agotado, tener miedo permanente a equivocarse o sentir que nunca se puede desconectar son señales que conviene mirar. Muchas veces la persona sigue cumpliendo, mantiene un buen rendimiento, y sigue siendo funcional, por lo que el problema puede pasar inadvertido.
Para cuidar la salud mental laboral es importante mirar las condiciones en las que se trabaja: un salario acorde, sentir que el esfuerzo es reconocido, tener objetivos claros, posibilidades de crecimiento y buenos vínculos forman parte de ese bienestar. El trabajo también puede dar un lugar de pertenencia y autorrealización. Pero cuando ese espacio se vuelve poco amigable, imprevisible o con demasiadas demandas, el costo psicológico puede ser alto.
Para una empresa, ocuparse de esto también tiene relación con su funcionamiento. Un equipo agotado puede seguir produciendo, pero probablemente les sea más difícil concentrarse, decidir, planificar y trabajar con otros. Pensar el bienestar como si fuera un beneficio extra deja afuera una parte importante: son las personas las que sostienen los procesos de una organización.
También es importante que existan espacios donde un empleado pueda decir que algo le está haciendo mal. Para que estos sean útiles necesitan confidencialidad y seguridad, porque si una persona piensa que hablar de ansiedad, agotamiento o dificultades emocionales puede perjudicar su carrera o dejarla etiquetada como poco confiable, probablemente elija quedarse callado.
Recursos Humanos puede tener un papel importante, aunque el cuidado de la salud mental necesita atravesar toda la organización. Depende de cómo lideran los responsables de cada equipo, qué conductas se premian, cómo se manejan los errores, qué disponibilidad se espera fuera del horario laboral y qué pasa cuando alguien pide ayuda. La cultura de una empresa se construye también con esos mensajes cotidianos.
Los datos pueden aportar otra parte de la información. Sería útil que las organizaciones analicen ausentismo, licencias, rotación y otros indicadores, respetando la privacidad de las personas. Observar tendencias puede ayudar a detectar problemas: si varias personas de un mismo sector comienzan a enfermarse, faltar o a irse, además de mirar cada caso conviene preguntarse qué está pasando en ese contexto.
Cuidar la salud mental laboral tampoco significa eliminar toda presión, conflicto o exigencia. Trabajar incluye momentos difíciles, lo importante es qué herramientas y condiciones encuentra una persona para atravesarlos sin que el trabajo termine deteriorando el resto de su vida. Una empresa que puede mirar esto a tiempo cuida a sus empleados y también protege su propia capacidad de funcionar de manera saludable.
Doctor en psicología, docente, autor y conferencista. MN: 66869