Mar del Plata, Pinamar y Villa Gesell suelen ser los tres distritos más mencionados a la hora de promocionar las vacaciones y los fines de semana largos desde los distintos medios de comunicación. Sin embargo, a estas ofertas les falta una plaza turística más para disfrutar una experiencia que no solo empieza o termina en la playa.
Miramar: un clásico que se renueva y que crece más allá de la playa
La ciudad balnearia conserva de manera fiel su esencia familiar, pero también se consolida como una opción ideal para disfrutar del contacto con la naturaleza durante todo el año y también en fin de semanas largos. Desde laberintos hasta bosques encantados pasando por una oferta gastronómica de primera mano y calidad.
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Ubicada a 457 kilómetros al sur de la Ciudad de Buenos Aires, y a solo 35 minutos del Faro de la Memoria, la ciudad de Miramar, en el partido de General Alvarado, es un destino necesario para aquellas personas que buscan un lugar para descansar, vivir experiencias diferentes a las de los demás balnearios costeros y, también, aprovechar de una amplia variedad en gastronomía como en el contacto directo con la naturaleza.
Conocida como “La ciudad de los niños”, por su amplia concurrencia en plan familiar, Miramar es mucho más que una ciudad recostada a la vera de la Costa Atlántica. Miramar es, en concreto, una posibilidad de revivir el clásico de todos los veranos desde otra perspectiva.
Un lugar de encuentro siempre atento a cómo renovarse no solo como una oferta de verano sino también para estar activo y en movimiento durante todo el año. Con propuestas que permiten, desde la tranquilidad, conectar con una verdad posible: la de encontrar una pausa para poder continuar con el ritmo de todos los días.
Conexión interna
El Bosque Energético, también conocido como Bosque Encantado o Bosque Oscuro, es una parada obligatoria para todas aquellas personas que estén dispuestas a conectar con todos sus sentidos. E incluso más. Que se animen a desafiar todo lo conocido para dejarse llevar más por su latido que por la propia historia del bosque.
La experiencia es multisensorial. Y permite cambiar el pulso cotidiano no solo por todo lo que alberga el propio bosque sino también por la forma en la que uno de los principales guías a cargo, Carlos Pagliardini, relata todo lo que allí acontece.
Con un toque sensible, Pagliardini invita a abrazar, en el sentido más primitivo de la palabra, a la naturaleza. A relacionarse de una manera directa con los árboles, a escuchar cómo sus copas brindan por la acción del viento y a estar abiertos a toda la energía que habita más allá de uno.
Pagliardini conoce el arte de narrar. Y sabe cómo mantener cautivo a un grupo de visitantes que busca conocer los secretos de un bosque que tiene mucha tela para cortar, pero nada para talar (una condición básica de ingreso).
Los relatos giran en torno a cuestiones que desafían todas las leyes conocidas. Pagliardini lo deja en claro de entrada con mucha facilidad cuando con gran pericia coloca un palito de manera horizontal sobre la punta de otro vertical y expone la fuerza natural del bosque y también la sobrenatural a juzgar por cómo la ramita se mueve, sin tocarla, hacia la palma de su mano.
El predio recibe a diario a cientos de interesados en conocer todas sus historias. Desde el fenómeno de las ramas en T hasta la aparición de gnomos pasando por cómo la caída de un meteorito puede haber afectado la flora del lugar.
“Durante mucho tiempo existió la teoría de que la energía provenía de un meteorito enterrado en las inmediaciones que afectaba no sólo a los equipos electrónicos, sino también a los turistas”, señala el guía. ¿Verdad o mito? Para saber la respuesta hay que vivirlo.
Los guías del Bosque Energético tienen preparado un recorrido de 45 minutos que incluye toda la historia del lugar, desde su desarrollo y depredación hasta los experimentos que se llevaron a cabo, como también todo aquello que se necesita para concientizar sobre la importancia de estos espacios.
Laberinto de sabores
Como parte de la gran conexión con la naturaleza que permite Miramar, los turistas saben muy bien donde pasar la tarde y aprovechar para tomar una de las meriendas más ricas de la ciudad.
La Criolla es la salida ideal para esos días en los que la playa no acompaña. Y también para cualquier momento. Su amplio salón y su frondosa arboleda permite pasar una tarde en reparo del sol y probar lo más rico de una variada carta donde prima la repostería y la cocina alemana.
Se trata de una casa de té de casi 50 años que comenzó como un vivero, creado por el teólogo y filósofo Julio Kloster, y que se convirtió en un clásico emprendimiento familiar. Pero no solo eso.
Es la oportunidad de disfrutar de un día con los ojos repletos de naturaleza. Con un sol que abraza mientras se prueba algunas de las delicias como el strudel, el budín de banana, el pan de miel o alguno de los licuados; mientras los chicos, y también los grandes, recorren un laberinto que fue diseñado por Matías Kloster, quien tomó la posta de su padre y hoy tiene previsto dar un paso más con la apertura, para la próxima temporada, de una parrilla.
La Criolla, ubicado en Avenida 37 N2611, es un laberinto de sabores para todas las edades y momentos que también permite sentarse a respirar alguna de todas las fragancias que desprenden la gran variedad de árboles. Y observar un estanque con peces de colores; mientras el tiempo se detiene.
En la misma línea, y también en contacto con todo lo que brinda la naturaleza, en Miramar funcionan durante todo el año todo tipo de ferias que permite a los productores locales llegar a los vecinos con todos los bienes que elaboran para fomentar un marco inclusivo dentro de la economía social de la ciudad.
La Feria Verde, que está abierta los lunes, miércoles y viernes en avenida 40 y 37, está dedicado a la promoción y comercialización de productos naturales de la agroecología familiar orientado al consumo consciente en armonía con el ambiente, fomentando el intercambio de semillas.
Un espacio donde se puede encontrar plantas ornamentales, frutales, verduras de estación, conservas, mermeladas, miel, polen, cosmética natural, infusiones medicinales, panificados integrales con masa madre, hamburguesas de legumbres y galletas de todo tipo. Todo por precios accesibles.
Mientras que para los amantes de lo dulce, un apartado especial con una para obligada: Mamá Norma, donde se encuentra el que fue elegido tres años atrás como el mejor alfajor simple de dulce de leche con cobertura de chocolate blanco.
Pese a que es un local próximo a cumplir los 15 años, Mamá Norma, ubicado en calle 14 N70, pegó un salto exponencial en el último tiempo vinculado a un premio mundial en el que participaron 150 productores con 450 tipos de alfajores diferentes y solo ganaron 15, entre ellos de este emprendimiento que lidera Norma Larrosa junto a buena parte de su familia y la de su esposo, quien fue la persona que más le insistió a Norma para avanzar con este proyecto que lleva el nombre de su madre y que tiene un toque muy especial: el amor que habita en la fábrica donde todos los días elaboran a mano cada uno de los alfajores.
La variedad es amplia: desde los tradicionales de dulce de leche hasta los de membrillo o batata pasando por manzana e incluso kiwi. Pero no se trata solo de alfajores, Norma también ofrece budines, galletas y mermeladas.
“El secreto está en cómo saborizamos el dulce de leche”, le dice Norma a este medio. Aunque no revela la pócima que la llevó a ser la creadora de uno de los alfajores que son obligatorios a la hora de volver con un regalo para la familia o amigos.
Paquete completo
Con una gran variedad de paradores a lo largo de todo su kilometraje de costa, la ciudad se erige como una de las más elegidas tanto para los vecinos de Mar del Plata como también para los de Necochea. Su equidistancia con distritos también balnearios coloca a Miramar como un destino ideal para aquellos ya acostumbrados a vivir en una ciudad turística.
Los motivos, sobran. Y están a la vista una vez que uno comienza a adentrarse por sus diagonales o cuando recorre el corredor costero rumbo al sur. También en el centro donde los preadolescentes deambulan por los diferentes locales mientras sus padres comen.
El restaurante familiar Fortunato se erige como una gran opción de mediodía para aquellos que quieran disfrutar de la mejor materia prima local. Ubicado en Calle 21 N1458, Fortunato es la parada obligatoria de todos los visitantes. No solo por la calidad de su comida y su oferta gastronómica sino también sus precios a medida.
Ahora con menú ejecutivo como opción de mediodía, Fortunato ofrece entre sus platos más importantes la bondiola laqueada, el matambre a la pizza, el bife de chorizo a caballo, el abadejo, el lenguado y la merluza. Todos con sus respectivas salsas y guarniciones. Y además tiene una amplia carta de pastas caseras y postres de gran paladar.
A pocas cuadras de la playa, La Surfería aparece como otra de las mejores opciones para frenar el tiempo en la noche y comer en medio de la peatonal. Un lugar con gran variedad de platos y tragos que le cambió la cara al centro de Miramar. Con una opción mixta que sirve tanto para compartir en familia, pareja o con amigos.
Pero no se trata solo de un local gastronómico. La Surfería, que nació en 2018, fue fundada por cinco amigos a los que, como asegura el nombre, los unió el surf. “Dos pusimos una escuela de surf y otros dos, otra. Luego se sumó el quinto integrante que venía de trabajar en marketing en Buenos Aires y unimos fuerzas entre todos para generar un emprendimiento de viajes de surf con un concepto de pack incluido”, le cuenta a este medio Francisco, uno de los socios.
Para aquellos que se suman a esta aventura, la Surfería cuenta con un hostel y apart que está en calle 10 y 33. Se trata de un paquete completo que funciona muy bien durante todo el año y que, al ser uno de los pioneros, pisa fuerte en la Costa Atlántica y también más allá.
Sucede que La Surfería también organiza viajes internacionales a Praio Do Rosa (Brasil), Perú, Costa Rica y Nicaragua, además de contar con un hostel en la base del Cerro Catedral, en Bariloche. “Apuntamos a hombres y mujeres de 25 a 50. Solteros y solteras o con chicos grandes que quieran pasarla bien y conocer gente”, cierra Francisco.







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