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4 de septiembre 2026 - 00:05

Sexualidad masculina: el costo de no hablar

¿Por qué sigue siendo un tema invisible? Qué puede decir una erección sobre la salud de un hombre.

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La salud sexual no está separada del resto del organismo, y a veces, escuchar lo que ocurre en la vida sexual puede ayudarnos a prestar atención a lo que (todavía) no está diciendo el resto del cuerpo.

El 4 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Salud Sexual y el 6/9 popularizó una celebración ligada al placer. Entre ambas fechas aparece una cuestión menos visible: ignorar los problemas sexuales también puede tener consecuencias sanitarias, sociales y económicas.

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¿Qué ocurre cuando problemas de deseo, dolor o respuesta sexual afectan la calidad de vida y no encuentran un espacio en la consulta médica? ¿Qué puede revelar una dificultad eréctil sobre la salud? ¿Por qué una dificultad eréctil persistente puede ser una oportunidad para revisar la salud cardiovascular y metabólica?

No hablar de salud sexual tiene su costo y sigue siendo un tema invisible. La erección no depende de un único mecanismo. Intervienen factores vasculares, neurológicos, hormonales y psicológicos. Por eso, cuando una dificultad eréctil se vuelve recurrente, no siempre estamos frente a un problema exclusivamente sexual.

La evidencia científica ha demostrado una asociación entre disfunción eréctil y enfermedad cardiovascular. El consenso Princeton IV, publicado en 2024, considera la disfunción eréctil un factor que incrementa el riesgo cardiovascular y plantea que, particularmente cuando se sospecha un origen vasculogénico, la consulta puede ser una oportunidad para evaluar factores de riesgo cardiovascular: las arterias que participan en la erección son pequeñas y sensibles a alteraciones vasculares.

Una dificultad en la función eréctil puede aparecer antes de que otras manifestaciones de enfermedad cardiovascular sean evidentes. Esto no significa que toda dificultad eréctil sea una señal de enfermedad cardíaca. Una experiencia ocasional puede estar relacionada con estrés, cansancio, ansiedad, consumo de sustancias o circunstancias de la propia relación. La preocupación aparece cuando el problema se vuelve persistente, recurrente o se acompaña de otros factores de riesgo.

Por eso, preguntar por la vida sexual también puede ser una forma de preguntar por la salud.

Hipertensión, diabetes, alteraciones del colesterol, obesidad, tabaquismo y otros factores cardiovasculares pueden convivir con la existencia de dificultades sexuales y es importante poder evaluar todo en su contexto.

Erección no es igual a rendimiento

Hablar de una erección no debería reducirse a hablar de rendimiento. Puede ser también una puerta de entrada para detectar, prevenir y tratar problemas de salud que van mucho más allá de la sexualidad.

La salud sexual no está separada del resto del organismo, y a veces, escuchar lo que ocurre en la vida sexual puede ayudarnos a prestar atención a lo que (todavía) no está diciendo el resto del cuerpo.

Cuando pensamos en cuidarnos, solemos hablar de dormir mejor, alimentarnos de manera saludable, hacer actividad física, controlar el estrés o cuidar nuestra salud mental, la sexualidad queda muchas veces fuera de esa conversación.

El bienestar sexual no significa tener relaciones sexuales con determinada frecuencia ni alcanzar un determinado rendimiento. Incluye poder vivir la sexualidad de acuerdo con los propios deseos y límites, experimentar placer, construir intimidad, expresar necesidades y transitar los cambios del cuerpo sin que estos se conviertan necesariamente en una fuente de sufrimiento.

Por eso, cuando aparecen dificultades de deseo, dolor durante las relaciones, cambios en la respuesta sexual, dificultades para alcanzar el orgasmo o problemas de erección, no siempre se trata simplemente de “un problema sexual”. Puede haber detrás factores físicos, psicológicos, relacionales, medicamentos o enfermedades que necesitan ser escuchados.

También puede ocurrir lo contrario: que exista un problema sexual y la persona simplemente aprenda a convivir con él. La vergüenza, los prejuicios, la falta de información o la idea de que “es normal a cierta edad” pueden postergar una consulta durante años.

La medicina tampoco es ajena a este silencio

Preguntar por la sexualidad debería formar parte de una atención integral, especialmente cuando una enfermedad, un tratamiento o un cambio corporal pueden afectar la vida sexual. No siempre será necesario intervenir, pero sí ofrecer un espacio para que la persona pueda decir qué le está pasando.

Hablar de bienestar sexual no significa poner al sexo en el centro de la vida. Significa reconocer que también forma parte de ella, y que sentirse bien con el propio cuerpo, los propios vínculos y la propia sexualidad también puede ser una cuestión de salud.

Médico (UBA) — MN 160968. Posgrado en Sexología Clínica (SASH). Especialista en Radioterapia Oncológica (UBA)

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