3 de septiembre 2026 - 20:00

Ni Purmamarca, ni Tilcara: el fascinante pueblo rojo de Jujuy con solo 180 habitantes

A más de 3.000 metros de altura, una pequeña comunidad jujeña conserva una tradición artesanal que define su paisaje y su identidad.

La Puna jujeña esconde paisajes y tradiciones únicas.

La Puna jujeña esconde paisajes y tradiciones únicas.

Gentileza - Ig: @modovida_

La Quebrada de Humahuaca cuenta con las postales más conocidas de Jujuy, pero la provincia también guarda pueblos mucho más pequeños con tradiciones centenarias, ideales para conocer en una escapada. En algunos casos, la identidad del lugar puede reconocerse al caminar por sus calles y apreciar lo que sus habitantes producen con sus propias manos.

En plena Puna aparece una comunidad de tan solo 180 personas donde el barro y la arcilla forman parte de la vida desde la infancia. Con vasijas rojizas secándose al sol, viviendas de adobe y cerros áridos, se conforma un escenario que mantiene técnicas transmitidas durante generaciones.

Este pequeño punto del norte jujeño mantiene una forma de vida vinculada con la tierra.

Este pequeño punto del norte jujeño mantiene una forma de vida vinculada con la tierra.

Casira, el tesoro escondido a 45 kilómetros de La Quiaca

Casira se encuentra en el departamento jujeño de Santa Catalina, a unos 45 kilómetros de La Quiaca y muy cerca de la frontera con Bolivia. El pueblo se encuentra a 3.600 metros sobre el nivel del mar, rodeado por el paisaje característico de la Puna. Los cerros rojizos, la escasa vegetación y una gran extensión de terreno árido acompañan a sus casas construidas con adobe y paja.

Su pequeño casco urbano cuenta con la Escuela N° 146, una iglesia, un centro de salud y una hostería. De todas formas, lo que más llama la atención al recorrerlo son las numerosas piezas de cerámica que aparecen en patios y frentes de viviendas. Casira fue reconocida como Capital Provincial de la Alfarería debido al oficio que practica buena parte de sus habitantes.

En Casira, el barro es parte de la historia y del trabajo cotidiano de toda una comunidad.

En Casira, el barro es parte de la historia y del trabajo cotidiano de toda una comunidad.

Un pueblo entero dedicado a moldear el barro

En este territorio, los habitantes empiezan a experimentar con el barro durante la infancia y, con el paso de los años, incorporan las técnicas necesarias para fabricar piezas cada vez más complejas. El proceso arranca con la selección de la materia prima directamente del suelo. Los artesanos utilizan distintos tipos de barro según el tamaño y las características del objeto que quieran fabricar.

Después, la mezcla debe permanecer en reposo durante al menos dos noches hasta alcanzar la consistencia adecuada. Recién entonces comienzan a darle forma con la ayuda de moldes, tornos tradicionales y el trabajo manual. Entre las piezas más comunes aparecen:

  • Ollas
  • Tinajas
  • Yuros
  • Birques
  • Vasijas de distintos tamaños

Las piezas se colocan en hornos de barro o directamente en hoyos en la tierra, donde se utiliza leña y guano como combustible. El fuego se mantiene durante unas cuatro o cinco horas y luego la cerámica necesita un día completo para enfriarse. El resultado son piezas de arcilla rojiza con manchas oscuras generadas durante la cocción.

Las piezas artesanales se elaboran con técnicas ancestrales.

Las piezas artesanales se elaboran con técnicas ancestrales.

Vasijas, gastronomía en ollas de barro y aventuras en la aridez puneña

Las piezas de Casira no funcionan únicamente como objetos decorativos. Muchas de las ollas se usan para cocinar y los habitantes aseguran que el barro aporta características particulares a los sabores de las comidas. La actividad artesanal también se convirtió en uno de los motivos para visitar el pueblo, quienes llegan pueden conocer de cerca los métodos tradicionales, observar las piezas expuestas al sol y comprar productos directamente a sus creadores.

Uno de los mejores momentos del año para conocer esta tradición es el 15 de agosto, cuando se celebra la festividad de la Virgen de la Asunción, patrona de Casira. Durante esa fecha se organiza una feria artesanal. El paisaje puneño también permite disfrutar de los caminos, altura y terrenos abiertos para practicar mountain bike y trekking.

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