Hay amistades en las que algo empieza a sentirse raro, pero cuesta ponerlo en palabras. La ciencia psicológica estudia desde hace años las formas indirectas de expresar enojo, rechazo o frustración, y algunas de esas conductas pueden aparecer también en los vínculos entre amigas.
Una persona puede decir que está todo bien y, al mismo tiempo, responder con ironías, ignorar mensajes durante días o aceptar un favor para luego incumplirlo repetidamente. Una conducta aislada no alcanza para definir a alguien, pero cuando determinados patrones se repiten pueden afectar la confianza y la comunicación dentro de una amistad.
La comunicación cotidiana ocupa un lugar central en la construcción de los vínculos personales.
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Qué es la agresión pasiva y cómo la define la ciencia moderna
La agresión pasiva describe una forma indirecta de expresar emociones negativas, especialmente enojo o frustración. En lugar de plantear el conflicto de manera abierta, la persona puede transmitirlo mediante palabras, silencios o acciones que parecen neutrales en la superficie.
Esto puede aparecer en situaciones cotidianas: alguien acepta hacer algo y después demora deliberadamente, responde con una frase aparentemente amable pero cargada de ironía o evita hablar de aquello que le molestó mientras modifica su trato.
La diferencia clave está en el patrón repetido. No toda ironía es agresión pasiva, ni dejar un mensaje sin responder significa necesariamente que alguien quiera castigar a otra persona. Para interpretar una conducta es necesario observar el contexto, la intención posible y, sobre todo, si existe una dinámica que se mantiene en el tiempo.
La Escala de Agresividad Pasiva (PAS): las 3 dimensiones de la hostilidad encubierta
Un estudio desarrolló y validó la Passive Aggression Scale (PAS), una herramienta destinada a medir conductas asociadas con la agresividad pasiva. La investigación trabajó con adultos y encontró un modelo compuesto por tres dimensiones principales.
La primera es la inducción de críticas, que incluye comportamientos destinados a poner en evidencia los errores o aspectos negativos de otra persona. La segunda es la evitación o el ignorar, vinculada con retirarse, evitar el contacto o dejar de responder como forma de manejar el conflicto. La tercera es el sabotaje, relacionado con acciones que interfieren de manera indirecta en los planes o actividades de otra persona.
Cumplidos con doble filo y sarcasmo: la agresión verbal disimulada
Una de las señales más fáciles de reconocer aparece en la manera de hablar. Son comentarios que, en apariencia, parecen positivos, pero incluyen una segunda lectura capaz de incomodar. Por ejemplo: “Qué bueno que finalmente te animaste”, acompañado de un tono que sugiere que la otra persona tardó demasiado.
Los vínculos cercanos también están atravesados por emociones, expectativas y maneras de comunicarse.
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El problema no está en el humor en sí mismo. Entre amigas es habitual cargarse, hacer bromas y utilizar ironías. La diferencia aparece cuando existe una intención reiterada de descalificar y, frente al reclamo, toda la responsabilidad recae sobre quien se sintió herida: “sos demasiado sensible”, “no entendés el humor” o “te tomás todo personal”.
La ley del hielo y el distanciamiento digital como formas de castigo
Otra conducta asociada con este tipo de dinámica es el retiro deliberado del contacto. Puede expresarse mediante silencios prolongados, indiferencia o una reducción repentina de la comunicación después de una discusión.
En la actualidad, además, el conflicto puede trasladarse a las redes sociales y los chats. Dejar mensajes sin respuesta deliberadamente, mostrarse activa en otras plataformas mientras se evita a una persona o desaparecer justo después de una diferencia pueden formar parte de una estrategia de distanciamiento.
Aun así, un mensaje sin contestar no es una prueba. Alguien puede estar ocupada, necesitar espacio o simplemente no tener energía para conversar. La señal adquiere otro significado cuando el silencio aparece de manera reiterada después de determinados conflictos y funciona como una forma de presión.
Cómo las excusas rompen la confianza en la amistad
El tercer grupo de conductas se relaciona con el sabotaje. En una amistad puede aparecer cuando una persona dice que va a colaborar, ayudar o participar en un plan y, repetidamente, termina poniendo obstáculos.
Llegar tarde de manera sistemática a encuentros importantes, olvidar compromisos que sí recuerda en otras circunstancias o entregar algo mal hecho después de haber aceptado una tarea son algunos ejemplos. La investigación sobre la PAS incluye el sabotaje como una de sus tres dimensiones principales.
También pueden aparecer excusas constantes. Una vez puede ser simplemente un olvido. El problema surge cuando se convierte en una modalidad habitual y la otra persona empieza a sentir que no puede contar con su amiga.
Por qué sientes que "caminas sobre cáscaras de huevo"
Cuando distintas conductas indirectas se acumulan, la amistad puede transformarse en un vínculo difícil de interpretar. La persona empieza a pensar demasiado antes de hablar, revisa sus mensajes para evitar provocar una reacción o intenta anticipar qué comentario podría generar otro período de silencio.
Esa sensación de “caminar sobre cáscaras de huevo” no permite por sí sola establecer que existe agresión pasiva. También puede aparecer en relaciones atravesadas por conflictos, inseguridades o problemas de comunicación.
Por eso, más que intentar etiquetar a la otra persona, puede resultar útil mirar la dinámica completa: qué ocurre después de una diferencia, si existe posibilidad de hablar abiertamente, si los límites son respetados y si ambas pueden expresar lo que sienten sin recurrir a indirectas.