Un viaje puede ser un conjunto de experiencias, recorrer paisajes nuevos, desconectar de la vorágine cotidiana. En Tucumán, hay un destino que no sólo invita a conectar con la naturaleza, sino también con historias milenarias, raíces ancestrales y una vuelta a los orígenes. En Talapazo, pueblo ubicado a 7 km de la Ruta 40, en el corazón de los Valles Calchaquíes, viven 25 familias de la comunidad Quilmes que se dedican al cultivo y crianza de ganado y ofrecen la experiencia de disfrutar el turismo rural comunitario, una propuesta que invita no sólo a disfrutar la gastronomía típica del lugar, sino también a recorrer las montañas y valles y adentrarse en su historia. Es la oportunidad para pasar un tiempo en contacto con la historia milenaria de la comunidad, conocer las leyendas y desconectar de la rutina.
Las familias están en el territorio desde aproximadamente 800 años d. C. Sus ancestros vivieron atravesados por la guerra y las conquistas. Desde hace diez años, decidieron brindar esta experiencia turística como una forma de mostrar sus costumbres y perpetuar su cultura. En Talapazo se ofrece alojamiento, hay cabañas de hasta 4 personas que incluye desayuno por 800 pesos la noche. En caso de incluir almuerzo, son 500 pesos más. Uno de los atractivos del lugar es la posibilidad de hacer una real desconexión, ya que no hay wifi.
La gastronomía
Apenas uno llega a la aldea, Paola Aguirre, a cargo de la cocina en El Quincho de Talapazo, ofrece un té de cedrón y otras hierbas para alivianar el mareo por la altura. En la aldea, se ofrecen diversos platos típicos de la gastronomía tucumana, pero también se pueden disfrutar platos tradicionales de la cultura diaguita, cuyas recetas y saberes fueron transmitidos de generación en generación. Un ejemplo es el Frangollo, un guiso parecido al locro hecho a base de maíz que se muele entre dos piedras con movimientos envolventes, zapallo, carne criolla y condimentos varios. ¿Consejo? Repetir el plato, porque vale la pena. La comida tiene varias horas de cocción - cuatro, en el caso del Frangollo- y se acompaña con pan casero, postres como dulce de Cayote y nuez y vino artesanal, hecho con las uvas de Talapazo. También ofrecen locro, cabrito con papas, empanadas y otras comidas para vegetarianos y veganos.
Además, otra de las propuestas es la degustación de cafés hechos en el lugar: cafés de higos, algarroba y Tusca, que se acompañan con pan y dulce casero. Estos cafés tienen propiedades curativas, antioxidantes y cicatrizantes. Los cultivos se hacen en el lugar y son parte de la cultura diaguita. Tanto el café, como los dulces y el vino se pueden comprar en el almacén del hospedaje, como recuerdo de productos únicos elaborados de manera artesanal.
De montañas y leyendas
Además de poder participar en la cocina, en Talapazo las actividades tienen una conexión directa con la historia del lugar. Sandro Llampa, el guía de la comunidad, ofrece adentrarse entre las montañas: un tramo largo hasta las antiguas minas de Mica, un recorrido que ofrece una vista de cardones, cabritos y piedras. Son aproximadamente más de 2000 metros de altura en la subida, una hora y media que implica una dificultad media y ofrece una vista panorámica donde se puede apreciar la inmensidad de las montañas calchaquíes. También se puede hacer el circuito de La Mina, desde donde se extraía hasta el año 2000 mica y algunas piedras preciosas.
Una vez en el lugar, Sandro invita a conectar con la Pachamama, realizando una ofrenda de vino y agua. Se cierran los ojos, se piden deseos, se agradece. La ceremonia principal es el 1 de agosto, donde se celebra con caña con ruda y se le ofrecen los mejores alimentos producidos en el año.
El descenso culmina en un fogón. Sentados en troncos, al calor del fuego, Judith, una de las guías del lugar transmite las historias que le contaba su abuela, que a su vez las escuchó de sus ancestros. Primero, los rituales. Sandro guía la ceremonia de purificación en el fuego, soplando ramas al viento, mirando a los cuatro puntos cardinales para sacar la mala energía y luego arrojarlas en el fogón. También hay coplas que se van recitando mientras se extingue de a poco el fuego.
“Es importante para nosotros vivenciar lo que hacían los antepasados, costumbres, tradiciones y rituales que se mantienen. Queda la cultura diaguita latiendo fuerte en el territorio, conocimientos transmitidos de generación en generación. Historias donde siempre está presente la Pachamama, madre naturaleza”, dice, con voz suave a la par de los tambores.
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