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14 de abril 2004 - 00:00

25 de mayo

Ansioso, aunque menos estresado, Néstor Kirchner cavila un contraataque frente al desplazamiento del escenario al que lo sometió el efecto Blumberg. Piensa hacerlo el 25 de mayo, oportunidad en la que quiere celebrar el primer año en la Casa de Gobierno y con cierto ademán de reconciliación con las Fuerzas Armadas. Será con el anuncio de un aumento de salarios dentro del plan ya conocido en beneficio de empleados públicos y jubilados. No tiene decidido aún si para esa algarada pedirá que le llenen una plaza, algo que no ha conseguido desde que asumió.

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Ese proyecto, sin embargo, se oscureció por la formidable marcha de Juan Carlos Blumberg, una inesperada e imprevisible competencia en materia popular. Si para el aniversario se euforizaban con la posible presencia de 100 mil almas en la Plaza, el otro acontecimiento de 200 mil -espontáneo, casi sin organizaciónempalideció las expectativas. Ahora se discute si conviene realizar ese acto y el episodio de la salud presidencial quizás exima de esa manifestación.

Aun así, cuando no está obturada esa búsqueda de calor popular, para la fecha del 25 igual se plantean anuncios del mandatario que en otro momento justificarían adherentes frente a la Casa Rosada: es que para esa jornada, Kirchner piensa anunciar un incremento salarial para todo el sector público, incluyendo en ese incremento no sólo al personal del Estado, sino también el subsidio a jubilados y jefas y jefes de hogar desempleados.Tampoco serían ajenosa esta reparación los militares, con quienes ahora el mandatario busca cicatrizar heridas no precisamente producidas por ellos (ya lo hizo en el discurso de Ushuaia, cuando reconoció la actuación castrense en Malvinas).



Kirchner, en apariencia, ya decidió subir los salarios a todo el sector público -fruto del superávit fiscal-, aunque esa determinación habría tropezado con objeciones desde el Ministerio de Economía, ya que a Roberto Lavagna se le atribuye cierta reticencia con los aumentos justo el mes previo a la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Ha habido, en los días anteriores a la peripecia de gastroduodenitis presidencial, varios encuentros de Kirchner con Lavagna y, algunos de ellos, no terminaron del mejor modo. Más allá de que el santacruceño señala que «con Lavagna es con el mejor ministro que trabajo». El economista, al parecer, no repite lo mismo y, como no desea padecer ni contagiarse de una complicación intestinal por no decir lo que piensa, se expidió con alguna dureza en esas reuniones. No discutieron sólo por salarios; también por desinteligencias en política energética. Pero, como finalmente siempre se le atribuye al mandatario, «las decisiones las tomo yo», para el 25 parece seguro el anuncio de aumento salarial al personal de De Gennaro, los jubilados, los jefes y jefas, y los militares. Queda saber si ese día también resucitará Gardel.

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