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27 de diciembre 2006 - 00:00

A dos años del tsunami, la ayuda no llega

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Phuket, Tailandia - Todavía no se habían enterrado todos los muertos ni evaluado los daños cuando el mundo convirtió la tragedia del tsunami en la mayor movilización solidaria de la historia. Gobiernos y particulares ofrecieron más de 5.000 millones de euros a los países afectados y a los cientos de ONG que se desplazaron a la zona. Dos años después, las buenas intenciones se tornaron una ola de promesas incumplidas, corrupción y burocracia. La mitad del dinero donado no llegó a las víctimas y dos tercios de los damnificados continúan sin hogar.

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El ex presidente de EE.UU. y enviado especial de la ONU para la reconstrucción, Bill Clinton, estima que se han construido sólo entre 30% y 35% de las viviendas necesarias. «Podemos hacerlo mucho mejor», dijo Clinton en una visita reciente a las zonas afectadas de Tailandia, uno de la docena de países que sufrieron el maremotodel 26 de diciembre de 2004. Las olas de más de 10 metros de altura que golpearon la costa del Océano Indico dejaron más de 230.000 muertos, miles de desaparecidos y al menos un millón de personas sin techo. En la provincia indonesia de Aceh, el lugar más dañado, 25.000 familias siguen hacinadas en barracas a pesar de que tanto la ONU como las ONG que trabajan en el área dicen que existe dinero suficiente para llevar a cabo todos los proyectos necesarios.

  • Incumplimiento

  • La reconstrucción se vio dificultada por la corrupción, con millones de euros sobre los que se desconoce el destino final; la burocracia, que ralentizó la aprobación de licencias de construcción y problemas en la propiedad de las tierras, después de que el tsunami se llevó los títulos de propiedad de decenas de miles de personas y los especuladores aprovecharon para reclamartierras que no eran suyas. A la lentitud de los gobiernos afectados se han sumado los incumplimientos de los países donantes y de las ONG, que recibieron la mayor inyección de dinero de su historia. Naciones Unidas, a través de su oficina de estadística para la ayuda humanitaria, revela ejemplos como España, Francia, EE.UU. y China. La actuación de las ONG no ha sido mucho más eficiente, con la gravedad de que el dinero que recibieron salió directamente de donaciones privadas de millones de personas de todo el mundo. Muchas organizaciones se mostraron incapaces de administrar proyectos de la envergadura que se requería en las zonas afectadas, donde ciudades enteras fueron borradas del mapa y las infraestructuras quedaron arrasadas. La Cruz Roja Internacional, investigada en EE.UU. por su actuación, sólo construyó 8.000 de las más de 50.000 casas que había prometido levantar en Indonesia, Sri Lanka y Maldivas. La organización gastó poco más de la mitad de los fondos que recibió, mientras el resto sigue en cuentas bancarias, según reveló la semana pasada la «BBC».

    Las viviendas que sí se construyeron en países como Indonesia a menudo carecen de normas de calidad mínimas y difícilmente podrían resistir el impacto de un nuevo tsunami. Algunas muestran grietas y defectos tan sólo unos meses después de haber sido terminadas, porque los constructores emplean materiales baratos para aumentar sus beneficios.

  • Suspensión

    El caos con el que se llevó a cabo la reconstrucción afectó incluso a ONG de prestigio como Oxfam, que el pasado mes de marzo tuvo que suspender algunas de sus operaciones en Aceh tras descubrir que parte de sus fondos para la construcción de viviendas había desaparecido. Un informe interno achacó las irregularidades a «la pobreza de gestión y control» de algunas de sus actuaciones.

    La lentitud afecta sobre todo a Indonesia, Sri Lanka y la India, que rechazó asistencia exterior sin contar con la capacidad de atender la emergencia a la que se enfrentaba. Tailandia, donde murió la mayor parte de los turistas extranjeros sorprendidos por el tsunami, es uno de los países que más rápido se ha recuperado, sobre todo en las zonas turísticas donde miles de personas dependen de la llegada de visitantes.

    En el paseo marítimo de Patong, en la isla de Phuket, los vendedores ambulantes siguen exponiendo en sus puestos copias de la película «Tsunami: ola de destrucción», una recopilación de imágenes del desastre. Sus ventas han caído en los últimos meses. «La gente ha olvidado lo que ocurrió y viene a pasarla bien», dice Nat, una vendedora que ha vuelto a su antiguo puesto junto el hotel Holiday Inn. La ocupación hotelera en diciembre está rozando 90% y la memoria del tsunami sólo se mantiene intacta entre quienes perdieron a seres queridos en la tragedia.
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