El Instituto Butantan recibirá de China vacunas listas para su aplicación y materia prima para producirlas a fines de semana, poco después de haberse suspendido los estudios por el suicidio de un voluntario.
El Instituto Butantan recibirá de China vacunas listas para su aplicación y materia prima para producirlas a fines de semana, poco después de haberse suspendido los estudios por el suicidio de un voluntario.
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El director del centro, Dimas Covas, dijo que todo se está moviendo para que rápidamente tengamos una cantidad 46 millones de dosis de vacunas listas para su uso en enero.
Funcionarios de la agencia sanitaria brasileña, Anvisa, inspeccionarán desde el 30 de noviembre plantas de los laboratorios chinos Sinovac y Wuxi Biological, fabricantes de los insumos biológicos que se importarán para producir de dos vacunas contra el coronavirus, en fase de pruebas en el país sudamericano.
“El objetivo principal de la inspección es verificar si una instalación productiva cumple los reglamentos” de Anvisa de “buenas prácticas de fabricación”, dijo el miércoles en conferencia virtual Ronaldo Gomes, gerente de Anvisa para inspecciones y controles sanitarios.
Del 30 de noviembre al 4 de diciembre, cinco inspectores de Anvisa -ya realizando cuarentena en China- visitarán la planta de Sinovac en Pekín, la cual desarrolla el insumo biológico que usará en la vacuna Coronavac, a fabricarse junto al Instituto Butantan de Sao Paulo, detalló.
El mismo equipo inspeccionará, del 7 al 12 de diciembre, la planta de Wuxi Biological, a 130 km de Shanghái, donde se fabricará el vector viral que será importado a Brasil para la vacuna del laboratorio AstraZeneca y la universidad de Oxford, que transferirán tecnología al instituto Fiocruz.
El presidente Jair Bolsonaro había celebrado la decisión del regulador de salud de Brasil de suspender las pruebas de una vacuna contra el covid-19 de la empresa china Sinovac por la muerte de un voluntario, que luego se comprobó no tenía relación con la vacuna.
Brasil, segundo país con más muertes por coronavirus, registra un incremento de hospitalizaciones que despierta temores de una segunda ola de la pandemia como la que golpea a Europa y Estados Unidos.
El promedio de óbitos, que había superado los mil por día entre junio y agosto, cayó por debajo de los 350 a inicios de la semana pasada, en este país de 212 millones de habitantes donde la enfermedad ya dejó más de 166.000 muertos. Pero desde el sábado pasado superó de nuevo los 500.
El estado de San Pablo, el más poblado y con mayor número de casos y de muertos, tuvo la semana pasada un alza de 18% en las internaciones.
Esa cifra alarmante empujó a las autoridades locales a frenar la flexibilización progresiva de las restricciones iniciada en junio.
Pues después de las cuarentenas parciales decididas tras los primeros casos en febrero, los brasileños fueron aflojando las normas y viven ahora casi normalmente, como si el virus hubiese desaparecido.
En las principales ciudades reabrieron las tiendas, los colegios, gimnasios y cines, mientras las playas, los bares y restaurantes se llenan de gente.
El reciente aumento de hospitalizaciones se reportó sobre todo en clínicas privadas y entre una población más joven, de clase media y alta.
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