El embajador venezolano en Buenos Aires, Arévalo Méndez
Romero, organizó una conferencia de prensa con los medios
locales. El diplomático aseguró que Hugo Chávez quedó
imposibilitado de insistir con otro mandato.
«Todavía estamos llorando.» Con esta frase, más propia del temperamento porteño que del caribeño, recibió ayer en su residencia de Belgrano R el embajador venezolano en la Argentina, Arévalo Méndez Romero, a un grupo de periodistas. Lamentaba, claro, la derrota del proyecto chavista de reforma de la Constitución, cuyas consecuencias van mucho más allá de una demostración de debilidad política: obligan al gobierno de ese país a poner en marcha una traumática sucesión de Hugo Chávez, quien quedó legalmente imposibilitado, hasta el fin de su mandato a comienzos de 2013, de insistir con el plan que incluía su reelección indefinida.
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Una paradoja: la carta magna de 1999, impuesta entonces por el propio Chávez, pone ahora un cepo a sus aspiraciones. «El presidente sólo puede presentar una propuesta de reforma durante cada mandato», respondió Méndez Romero a una pregunta de Ambito Financiero. Así, temas como la reelección, el fin de la autonomía del Banco Central y la llamada «nueva geometría del poder» (la creación de nuevas regiones y ciudades federales bajo control presidencial) «quedan descartados para este período», explicó el diplomático.
En cuanto a la autonomía del Banco Central, el gobierno deberá conformarse con lo logrado hasta ahora, esto es, disponer de un excedente sobre las reservas « técnicamente necesarias» para volcarlas al gasto social, un fondo que hoy acumula u$s 7.000 millones. Pero no podrá definir dónde colocar su mayor parte y, por lo tanto, no podrá destinarlas al futuro Banco del Sur.
El único atajo para estas limitaciones podría surgir a través de un método diferente al elegido en esta ocasión: no ya el tratamiento en la Asamblea Nacional (parlamento) sino la recolección de firmas para la convocatoria a una Constituyente. Dado lo ocurrido, una movilización semejante está por ahora fuera de la voluntad de un gobierno golpeado. De aquí a 2013, quizás.
Mientras hacía públicamente el duelo por la derrota en una conferencia en el Palacio de Miraflores, Chávez había asegurado el lunes a la madrugada que mantendría su plan de reforma constitucional, sin cambiarle «ni una coma». Pero el embajador Méndez Romero explicó que el presidente se refería a aspectos del texto que puede imponer por ley o por decreto, lo mismo en rigor, dados los superpoderes que le concedió la Asamblea Nacional por un año y medio. Esto incluirá temas como la reducción de la jornada laboral de 8 a 6 horas (con un máximo de 36 semanales), la inclusión de los trabajadores informales en la seguridad social o el derecho a votar a partir de los 16 años.
Aunque demasiado prematuramente, el terremoto político del domingo instala ya la campaña para los comicios de diciembre de 2012, en los que, según Méndez Romero, la oposición encontrará problemas para competir con una candidatura unificada.
Posturas
Según él, la tarea, compleja por «los personalismos y las diferencias ideológicas», podría ser acometida por políticos como Julio Borges (líder del partido Primero Justicia) o Leopoldo López (el joven alcalde de Chacao, un municipio de clase media). No así por Manuel Rosales ( gobernador de Zulia y el hombre que, desde posturas de centroizquierda, se acercó a 40% de los votos al competir hace un año contra el entonces todopoderoso Chávez) ni el general Raúl Baduel (ex ministro de Defensa del bolivariano y recientemente pasado a la disidencia, gesto que fue un factor clave para el resultado).
Cuba y Bolivia (¿también la Argentina?) temen que en los nuevos tiempos políticos el chavismo no pueda seguir repartiendo con la misma vocación ayuda financiera. Pero para el embajador, «si hay algún cambio en la cooperación con diversos países, será para incrementarla».
Intriga
El «voto por abstención», tal como lo definió el embajador, de más de 3 millones de personas que en la presidencial de hace un año habían votado por Chávez y esta vez se quedaron en sus casas, fue otro elemento que destacó y que intriga al bolivarianismo. Consultado sobre el impacto que, al respecto, puede haber tenido la salida del aire de la cadena RCTV, la más popular de Venezuela, en mayo último («no por cierre, como se dijo, sino porque venció su concesión», como se encargó de aclarar), apenas lo admitió de modo apenas marginal. «Pudo haber influido pero no en muchos, en gente de clase media que alguna vez estuvo con el proyecto del presidente pero cuya cultura no pasa de una telenovela o una miss», reprochó.
«Yo soy de clase media, pero debo admitir que nuestra clase media es intelectualmente muy pobre. No lee y se conforma con tener un carrito de última moda para competir con el del vecino, con un teléfono también de última moda o con un par de viajecitos al año a Disney World con la familia», disparó. Toda una reedición, aun más descalificatoria, de la embestida de Alberto Fernández contra la «soberbia» de los porteños que se resisten a votar al kirchnerismo. Difícilmente convenzan por ese camino a los díscolos de volver al redil.
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