El flamante presidente de Bolivia, Carlos Mesa, recibió oficialmente ayer el apoyo de la cúpula de las fuerzas armadas, durante la visita que realizó a la Escuela de la Armada de La Paz.
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«Si defendemos el Estado, si creemos y amamos a Bolivia, tenemos que defender el bien más preciado de este Estado que somos nosotros mismos, todos y cada uno de los bolivianos», dijo Mesa, quien asumió la sucesión presidencial tras la renuncia el viernes de Sánchez de Lozada. Ayer, Mesa fue reconocido como capitán general de las fuerzas armadas, como lo establece la Constitución, en una ceremonia realizada en el patio de honor del Colegio Militar en La Paz.
En su primer encuentro con los militares, Mesa instó a los uniformados a no vulnerar la ley, a hacer uso de la violencia legítima de manera racional y a «asumir parte de nuestras responsabilidades» en la violenta represión a las manifestaciones populares.
Por la tarde, Mesa tomó posesión al nuevo gabinete de ministros, integrado por independientes y técnicos y del que, por primera vez en la historia de este país, no forman parte representantes de partidos políticos.
«Seguramente mañana las bases decidirán una retirada táctica y calma hasta los carnavales de febrero, pero en abril va a haber problemas, va a haber algo.»
Tras asegurar que está dispuesto a llegar a una guerra civil para obtener el poder, dijo: «Si no lo hacemos nosotros, lo harán nuestros hijos, aunque vamos a derramar muchos ríos de sangre o cerros de cadáveres».
Sin embargo, Quispe señaló que se sentará «frente a frente» con el nuevo mandatario boliviano, a quien exigirá respuesta a las demandas del campesinado.
El líder campesino reclamará al nuevo gobierno la anulación del decreto que impuso el modelo de libre mercado en el país en 1985, con la finalidad de cambiar el sistema capitalista.
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