Brasilia (EFE, ANSA, AFP, LF) - Alfredo Stroessner, hombre fuerte de Paraguay durante 35 años hasta su derrocamiento en 1989, nació el 3 de diciembre de 1912 en la ciudad de Encarnación, a orillas del río Paraná, hijo de un inmigrante alemán y de una campesina paraguaya.
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Tuvo una destacada carrera militar en la que consiguió dos medallas de honor por su participación en la Guerra del Chaco de 1932 contra Bolivia. Luego su inclinación política lo llevó a afiliarse al Partido Colorado a principios de la década del 50, desde donde construiría el poder con el que gobernaría a su antojo.
En 1954, con 41 años, fue nombrado general de división y, en mayo del mismo año, encabezó el golpe de Estado que depuso a Federico Chávez. En agosto de ese año comenzaría su apogeo político, que se extendió por 35 años hasta 1989, cuando fue derrocado por su consuegro, el general Andrés Rodríguez.
Culminado su primer gobierno, fue reelegido ocho veces seguidas -en 1958, 1963, 1968, 1973, 1978, 1983 y 1988-, en « elecciones» refrendatarias que lo tenían como único candidato.
Temor ancestral
Ya en los comienzos de su régimen se ocupó de acabar con la oposición, incluidos quienes podían amenazar su liderazgo desde el Partido Colorado, la base civil de su régimen. Segó cualquier indicio de rebeldía en la población e inculcó al pueblo un temor ancestral.
El asesinato de Anastasio «Tacho» Somozaen Nicaragua en 1956 hizo tambalear la frágil seguridad de la que creía gozar el régimen paraguayo. Desde entonces, Stroessner buscó entablar buenas relaciones con Estados Unidos, lo que logró hasta el fin de la Guerra Fría, cuando Ronald Reagan le planteó una dura oposición.
Según sus numerosos críticos, su régimen se basó en el clientelismo, el contrabando y la obediencia ciega a «el Jefe» (uno de los apodos con los que se lo conocía). Su dogma era la «unidad granítica» del Partido Colorado, las fuerzas armadas y el pueblo paraguayo en torno a su figura.
La salud de «el Jefe» fue durante muchos años motivo de conjeturas y leyendas. Cuando estaba en el poder se decía, por ejemplo, que padecía cáncer de próstata o de piel, y que este último era la causa de que nunca estrechara la mano.
Con fama de bebedor y mujeriego, sus aventuras amorosas eran famosas en Paraguay ya desde antes de que fuera presidente. Entre otros apodos se lo conocía entonces como «el Primer Magistrado», «el Primer Deportista» o «el Primer Trabajador», «el Rubio» y hasta «el Primer Falo», según sostiene en una biografía el periodista paraguayo Bernardo Nery Farina.
Se dice que trataba a sus amantes con suma consideración, que a algunas las dejó embarazadas y que a varias hasta les eligió marido.
Se cuenta también que un militar ya muertoera el encargado de conseguir las doncellas para el general Stroessner y sus amigos. De todas sus amantes, María Estela Legal, llamada «Ñata», fue la más célebre. La conoció con 14 años y fue suya por dos décadas.
Ella le dio dos hijas, por unas de las cuales tuvo pasión. Precisamente Stroessner huyó de la casa de «Ñata» para refugiarse en una instalación militar la noche del golpe de Estado.
Costumbres castrenses
Se había casado en 1949 con Eligia Mora -muerta en febrero pasado con 95 años-, una maestra de escuela con la que para entonces tenía dos hijos: Gustavo Adolfo y Graciela Concepción.
Luego nació Hugo Alfredo, conocido como Freddy, que fue yerno del general Rodríguez y murió a causa de las drogas poco después del golpe. Madrugador, de costumbres castrenses, duro, aficionado a la pesca, el fútbol y los naipes, algunos de los pocos biógrafos que ha tenido han calificado a Stroessner también de cruel, astuto, audaz y hasta monstruoso.
Al cabo de 30 años de gobierno la unidad invocada ya no era tal, situación que terminó haciendo eclosión el 3 de febrero de 1989, cuando fue derribado por su consuegro, el general Andrés Rodríguez.
Aunque Stroessner sabía de la agitación militar en su país, nunca creyó que quien pudiera alzarse fuera Rodríguez, un militar a quien él había encumbrado hasta convertirlo en el segundo hombre más poderoso del país, que amasó una fortuna a su sombra, y con el que había creado lazos de familia.
Estuvo preso en una instalación castrense y, luego, se exilió en Brasilia. Vivió allí 17 años, alejado de toda actividad, sin más sobresaltos que los causados en Paraguay por los frecuentes rumores sobre su muerte.
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