Arafat decidió no viajar a cumbre de Liga Arabe
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"En mi opinión, no se cumplieron las condiciones para que Arafat pueda ir a Beirut", afirmó el premier israelí, Ariel Sharon, a la televisión pública israelí.
Sus declaraciones fueron posteriores al pedido de Estados Unidos para que Israel levantara el confinamiento que pesa sobre Arafat desde el 3 de diciembre y le permitiera viajar a Beirut para participar de la cumbre donde se tratará la iniciativa de paz saudita.
"El gobierno israelí sabe lo que piensa Estados Unidos. La Liga Arabe sabe que el presidente (George W. Bush) espera que esta cumbre sea coronada por el éxito y siga centrada en la paz, y que es muy importante que este aspecto no se pierda de vista cualesquiera sean las decisiones que tomen los participantes", dijo Ari Fleischer, portavoz de la Casa Blanca.
Para los palestinos, "la actitud de Sharon respecto a Arafat es una provocación y no ayuda al proceso de paz. Destruye los esfuerzos internacionales y constituye un desafío a la cumbre árabe de Beirut", declaró Nabil Abu Rudeina, consejero de Arafat.
"Rechazamos estas afirmaciones y responsabilizamos al gobierno israelí de esta peligrosa escalada", agregó.
La propia oficina de Arafat confirmó horas más tarde que el presidente palestino no asistiría a la cumbre.
Casi en paralelo a la decisión de Sharon, Egipto sorprendió cuando confirmó el creciente rumor de que el presidente Hosni Mubarak había renunciado a concurrir a la cumbre de Beirut.
Según el ministro egipcio de Asuntos Exteriores, Ahmed Maher, la decisión de Mubarak se debió a "razones excepcionales que exigen su presencia en Egipto". Será representado en Beirut por el primer ministro egipcio, Atef Ebeid.
Sin embargo, el sábado pasado, el canal de televisión por satélite qatarí "Al Jazira" había anunciado que Mubarak no viajaría a la capital libanesa, según sus fuentes por "posibles divergencias" con el resto de los líderes de los 22 países que integran la Liga Arabe.
El plan saudita propone la normalización de las relaciones israelo-árabes a cambio del retiro de Israel de los territorios ocupados desde 1967, incluyendo el Golán sirio y el territorio libanés, para volver a las fronteras de antes de la guerra de los Seis Días.
Prevé también la creación de un Estado palestino con Jerusalén-Este como capital.
Consciente de las grandes dificultades para apaciguar la situación entre israelíes y palestinos, la Casa Blanca se aferra a la iniciativa saudita, que Fleischer describió hoy como "muy constructiva" para intentar resucitar el proceso de paz, a pesar de que Washington se haya cuidado de no asumir la responsabilidad por todos los detalles del plan del príncipe heredero Abdullah.




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