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Durante los últimos días, la prensa egipcia había minimizado la importancia del plan de paz saudita para Medio Oriente, tema principal a debate en la Cumbre y subrayado que se basa en una estrategia ya propuesta por Egipto.
El plan saudita propone la normalización de las relaciones israelo-árabes a cambio del retiro de Israel de los territorios ocupados desde 1967, incluyendo el Golán sirio y el territorio libanés, para volver a las fronteras de antes de la guerra de los Seis Días.
Prevé también la creación de un Estado palestino con Jerusalén-Este como capital.
Consciente de las grandes dificultades para apaciguar la situación entre israelíes y palestinos, la Casa Blanca se aferra a la iniciativa saudita, que Fleischer describió hoy como "muy constructiva" para intentar resucitar el proceso de paz, a pesar de que Washington se haya cuidado de no asumir la responsabilidad por todos los detalles del plan del príncipe heredero Abdullah.
Además de Mubarak y Arafat, faltarán también a la cumbre los máximos dignatarios e Kuwait, Irak, Qatar, Omán, Libia, Sudán, Mauritania y el rey Fahd de Arabia Saudí, este último enfermo desde hace tiempo.
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