Hadayet tenía una compañía de taxis de lujo. Entre sus clientes había varias agencias de viajes y compañías aéreas. Su familia asegura que El Al le pagaba tarde y mal y que, recientemente, había cobrado menos de lo estipulado por un servicio. (Esto, sin embargo, fue negado ayer por la aerolínea; uno de cuyos portavoces señaló: «Nunca tuvimos relación con ese hombre»).
Richard García, el agente especial del FBI que dirige la investigación, tiene muy claro que Hadayet planeó minuciosamente el ataque y que sabía que el mostrador de El Al estaba fuertemente vigilado porque había trabajado para la compañía. Debe de haber calculado que no tendría mucho tiempo antes de que los agentes de seguridad de El Al lo redujeran, por lo que entró en la terminal disparando a discreción contra la gente que hacía cola para tomar el vuelo Los Angeles-Tel Aviv.
El FBI considera que el ataque no fue un atentado terrorista porque Hadayet no pertenece a ningún grupo extremista. El gobierno israelí, sin embargo, cree que cualquier persona que, por los motivos que sea, dispara contra un grupo de gente inocente es un terrorista.
Hadayet era taxista y empresario. Llegó a Los Angeles en 1992 y el año próximo iba a recibir la ciudadanía estadounidense.
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