Pese a esas limitaciones, el gobierno estudia propuestas de gastar hasta 6.000 millones de dólares en represas y redes eléctricas y también podría construir un ferrocarril de 200 millones que circunvale San Pablo, dijo Marco Aurélio Garcia, asesor de Lula en materia de asuntos exteriores.
«No creo que el gobierno malogre la situación presupuestaria y estimule la inflación para financiar esas inversiones», dijo Rosa. «La única forma de que financie semejante plan es establecer sociedades con el sector privado».
El índice de desempleo de Brasil está en 13%, el máximo nivel en casi dos años, por lo que Lula desea estimular la creación de empleos mejorando los medios de transporte del país y su capacidad de generar electricidad.
El gobierno brasileño pretende que el Fondo Monetario Internacional acepte quitar del cálculo de gasto público las inversiones en infraestructura, ya que -dice- se trata de inversiones que suponen un retorno económico. Eso le permitiría flexibilizar en los hechos la meta de superávit fiscal primario de 4,25% del Producto Bruto Interno (PBI).
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