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El Pontífice presidió la ceremonia ante unas 300 mil personas de diferentes razas y religiones, en el primer rito de este tipo con representantes de musulmanes e hindúes, pero una vez más resultó evidente su precario estado de salud, notablemente deteriorada en los últimos tiempos.
Juan Pablo II anunció que el día en que se celebre la fiesta de la nueva beata será «el día de su nacimiento en el cielo», es decir, el día de su muerte, ocurrida en Calcuta el 5 de setiembre de 1997.
Una procesión de jóvenes monjas con el tradicional sari blanco con los bordes de rayas azules caminó hasta el altar para entregarle una reliquia de la nueva religiosa con varias gotas de sangre de la religiosa, extraídas del cuerpo de Madre Teresa durante la exhumación exigida para el proceso de beatificación.
La reliquia fue entregada al Pontífice por la hermana
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