El presidente Giorgio Napolitano expresó su preocupación sobre la viabilidad del Gobierno de Italia mientras el primer ministro, Silvio Berlusconi, no pudo contener una rebelión interna y decidió llamar a una moción de confianza luego de que fracase su iniciativa presupuestaria en el Parlamento.
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En un comunicado extrañamente categórico, Napolitano se preguntó si el Gobierno de Berlusconi aún tiene la unidad necesaria para aprobar medidas urgentes y demandó que el primer ministro ofrezca una "respuesta creíble" al país. Además, habló de "tensiones graves e incertidumbre" en la coalición de centroderecha, mientras analistas señalan que podría haber elecciones en la próxima primavera boreal, un año antes de lo planeado.
Berlusconi hablará mañana ante el Parlamento y pedirá un voto de confianza, aseguró Fabrizio Cicchitto, líder de los legisladores de la centroderecha en la Cámara baja. El voto tendría lugar el viernes tras el debate parlamentario y el premier italiano podría verse obligado a renunciar en caso de una derrota.
El comunicado de Napolitano fue una referencia clara a las muy retrasadas medidas para acelerar el lento crecimiento económico de Italia y continuar las peleas sobre un paquete de austeridad -aprobado por la presión del Banco Central Europeo- para balancear el presupuesto para el 2013.
Berlusconi decidió hablar ante el Parlamento después que la coalición no pudo aprobar el martes una provisión presupuestaria clave. Insistió en que la imposibilidad de aprobar la hoja de balance para el gasto público del año pasado por un solo voto fue simplemente un "accidente" causado por la ausencia de muchos miembros de la coalición en la cámara.
Sin embargo, algunos de quienes no votaron, entre ellos el ministro de Economía, Giulio Tremonti, se mantuvieron al margen de forma intencional para mandar un mensaje sobre las serias desavenencias de la coalición.
Tras el fracaso del Gobierno para aprobar la medida, la oposición pidió la renuncia de Berlusconi, de 75 años. Gianfranco Fini, el líder parlamentario que rompió con el mandatario el año pasado, dijo que la derrota "no tiene precedentes" por su importancia ya que el Gobierno está obligado por la Constitución a aprobar algo que es considerado una medida rutinaria.
La derrota es dolorosa porque se produce en un momento en el que Berlusconi enfrenta desafíos internos de varios ministros descontentos con la forma en la que dirige la coalición y con el daño que sus problemas personales y judiciales han causado a la reputación de Italia. Hasta ahora, la mayoría de Berlusconi en el Parlamento ha sobrevivido a varias mociones de confianza.
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