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19 de marzo 2008 - 00:00

Bingo y Chávez

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Los juegos por el poder político se parecen, en todos lados. Y la llamada industria del juego, uno de los tantos factores que solventan a la política, también. Como en Venezuela, donde los bingos son hoy el sustento clave para la campaña proselitista del partido de Hugo Chávez, y de su probable sucesor, Diosdado Cabello.

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Por partes. Diosdado Cabello -dicen de él que es «el poder dentro del poder»- es el actual gobernador del estado Miranda, uno de los más poblados. Al igual que el líder Chávez, se encuentra de capa caída. Aunque no tanto: Diosdado no perdió su influencia en la Asamblea Nacional, ni su injerencia en buena parte de las Fuerzas Armadas, tampoco dejó de encabezar el «sí-chavismo», esa debilidad por acatar cada uno de los deseos y órdenes del mandatario venezolano.

Diosdado tiene colocados a compañeros de su misma promoción militar en lugares decisivos del gobierno: la Secretaría de la Presidencia de la República (Jesse Chacón), la Vicepresidencia (Ramón Carrizales), los ministerios de Salud (Jesús Mantilla Oliveros) y de Vivienda (José Pérez Prado), el Viceministerio de Finanzas (Rafael Isea), la DIM (División de Inteligencia Militar, cuyo titular, Hugo Carvajal, aparece en la computadora de «Raúl Reyes», conectado con las FARC) y el Seniat (como la AFIP argentina, con su hermano José David a la cabeza).

Aunque no en ellos, sino en una mujer, claro, está la llave de su futuro político. Es Olga «Titina» Azuaje, la ministra de Turismo. De ella depende la Comisión de Bingos y Casinos, pieza fundamental, por lo que recauda, en el financiamiento del unicato chavista, el PSUV o Partido Socialista Unido de Venezuela.

  • Mal parada

  • Lo de «unido» está por verse, ya que las internas del pasado domingo 9 demostraron que el «pus» (el mote que le puso la oposición al partido socialista de Chávez) no está cohesionado. La línea «God-given» (traducción al inglés de Dios-Dado, utilizada por sus detractores dentro del chavismo) o la «derecha endógena», ya que representa al chavismo tradicional, salió bastante mal parada en la elección de 30 miembros para la mesa directiva del partido. Diosdado Cabello, el álter ego de Chávez, resultó electo pero en el puesto Nro. 17. «Clara evidencia», dice la periodista Marta Poleo, «que una corriente importante del chavismo intenta controlar el poder que él detenta tanto en el sector civil como el militar».

    Ante esta situación de incipiente zozobra, Diosdado ya empezó a implementar su estrategia. Para obviarse posibles sorpresas, removió al titular de la Comisión de Bingos y Casinos, y le entregó esa posta a su dama fiel en Turismo, Titina Azuaje, a partir de ahora con funciones dobles. Para que todo quede en casa. Hoy, de cara a la próxima campaña para las elecciones de octubre, Diosdado necesita, y más que nunca, del poder persuasivo del dinero. Que le deja, obvio, la recaudación en los bingos y casinos.

    Las casas de juego y apuestas que proliferan en Venezuela son muchas. Mas de 600, aseguran algunos. Para darse una idea, el último fin de semana de enero, la Seniat cerró 53 de ellas por «irregularidades contables». Los dueños de ellas («bingueros» en Venezuela), por su parte, están atados de pies y manos. Su supervivencia depende de cómo maneje Cabello su influencia en el gobierno, ya que los bingos y casinos son ilegales: una ley de setiembre de 2007 así los declaró, aunque, misteriosamente, ésta aún no se llegó a implementar. La industria del juego sobrevive gracias al aceitado ejercicio de los recursos de amparo. O de los permisos especiales.

  • Ejemplos

    En Caracas, por ejemplo, un único empresario -de origen portugués-es dueño de 20 bingos y casinos, de los cuales 15, se sabe, son ilegales. Eso no impide que sigan funcionando. Lógico, si ese binguero ya invirtió fuerte en las campañas electorales de Freddy Bernal y de Juan Barreto, actuales intendentes de dos populosos distritos caraqueños. Se asegura que el portugués será el gran financista del partido del gobierno en las próximas elecciones de fin de año en Venezuela. Tanto allí como aquí, el juego banca la política. Aunque allí, a diferencia de aquí, todavía nadie se anima a pronunciar en voz alta el nombre del benefactor del PSUV. De ese binguero devenido empresario oficialista.
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