La complicación regional que irradia Bolivia parece agravarse día tras día. El llamado al diálogo por la unidad del país lanzado por el presidente Carlos Mesa encontró ayer rechazos en todo el arco político, así como en sectores autonomistas, organizaciones empresariales y grupos de izquierda. Precisamente, la izquierda radicalizada parece haber hallado en Bolivia el epicentro ideal para volcar su presión y poner en riesgo la estabilidad económica de toda la región. El encarecimiento del gas que exporta este país a la Argentina, y que por vía indirecta llega a Chile, sería una consecuencia lógica si avanza la Ley de Hidrocarburos objetada por el mandatario, que el Congreso aún puede promulgar. Ni que hablar si esa norma fracasa y avanzan otras propuestas, de neta nacionalización, tal como exige el líder cocalero y diputado Evo Morales. En medio de la crisis, resurgieron ayer las versiones de una probable renuncia de Mesa y de una convocatoria a elecciones anticipadas. Por el momento, y pese a las fuertes dudas de los analistas, esa posibilidad fue descartada oficialmente.
El espectro de una Bolivia hecha pedazos por los conflictos sociales sobrevuela en los análisis políticos recientes. Así resumió esos temores el humorista Javier Menchaca, del diario "La Prensa", de La Paz.
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Si Mesa formaliza el anuncio de objeción de la ley antes del martes, fecha límite, el Congreso necesitaría entonces dos tercios de los votos para ratificarla, lo que es considerado una meta difícil según el diario cruceño «El Deber». En el caso de que el presidente no efectúe modificaciones específicas a la ley, el Congreso cuenta con un plazo de diez días para promulgarla sin mayorías especiales.
Ante la incertidumbre que genera el actual clima político,