Apocos días del cierre de la campaña electoral, Cristina de Kirchner prometió que su primer destino internacional, antes de su asunción el 10 de diciembre, sería el vecino Brasil. Mientras se espera la definición de la fecha para la visita, la pregunta del millón es -tanto en Buenos Aires como en Brasilia- si la presidente electa de la Argentina inaugurará con su futuro mandato una nueva manera de relacionarse con ese país.
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La expectativa por el futuro de la cuestión bilateral es intensa. Sobre todo porque durante los meses previos a la elección no hubo pronunciamientos sobre el tema por parte de la candidata. Es más, hace casi un mes, Fernández de Kirchner estuvo por unas pocas horas en Brasilia. Fue su última escala en la gira proselitista internacional que la llevó por Francia, España, México, Alemania y los EE.UU. Durante las reuniones que mantuvo con el presidente Lula da Silva, miembros del gabinete brasileño y empresarios locales, mucho discutió (los números de la inflación, por caso) y poco anunció. Como saldo y ante un reducidísimo grupo reunido en el Palacio de la Alvorada, solamente dejó una promesa, que de tan amplia resultó poco abarcadora: «Una vez electa, me comprometo a intensificar las relaciones con Brasil».
Para el brasileño Marcos de Azambuja, embajador en la Argentina durante los 90, con Cristina no habrá grandes cambios en la relación en sí, sino en la personalidad de quien los conduzca. Así como «Kirchner viene teniendo una buena relación, pero marcada por un temperamento un tanto errático -definió a O Globo online-, su esposa es más estable y la relación con Brasil tiene hoy una centralidad tan grande para la Argentina que yo creo que ella buscará mantener una muy buena relación».
Denuncia
Seguramente Azambuja recuerda el año 2005, cuando Kirchner desató una crisis diplomática al denunciar que Brasil quería acaparar las vacantes en organismos internacionales como la OMC, la ONU y la FAO y acusó a la FIESP (Federación de las Industrias del Estado de San Pablo) de «desindustrializar» a la Argentina. Justamente, la FIESP ve en la señora Kirchner a una mandataria más pragmática y menos proteccionista e « ideológica» que su marido.
La futura relación entre Brasil y la Argentina no es un tema menor para el empresariado brasileño, que ya lleva invertidos en nuestro país u$s 6.700 millones en adquisición de empresas durante el período 2002-2007. Además, como consigna la periodista Janes Rocha en «Valor Económico», los industriales del Brasil no olvidan que el ministro de Economía, Miguel Peirano, manifestó que la Argentina tenía que preocuparse por dos países: China y Brasil. Preocupado también está nuestro empresariado local, que sufre por el déficit comercial y por la compra de marcas argentinas por parte de los brasileños. Por su parte, como para no dejar enfriar la incandescencia comercial, Peirano obligó a las AFJP a que repatriaran casi u$s 2.000 millones invertidos en Brasil, y el Poder Ejecutivo vio con beneplácito que llegara al Congreso un proyecto de ley que privaría a los frigoríficos argentinos ahora en manos brasileñas de las exportaciones de Cuota Hilton.
Alguien que conoce al matrimonio Kirchner, como José Botafogo Gonçalves -embajador de Brasil durante 2003-, suma sus propias dudas: «Si hubiera problemas económicos durante el período Cristina, la tentación sería culparnos». Si bien cree que con ella Brasil tendrá un acercamiento cordial, «no se ilusionen», previno el diplomático hace unos días a «O Globo»: «Cristina hace una firme defensa del ingreso de Venezuela al Mercosur y lo califica de vertiente energética de integración sudamericana, dado el papel relevante que tiene su petróleo».
El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, en cambio, no es tan taxativo -al menos en apariencia- en su apreciación del futuro argentinobrasileño. En su mensaje de felicitación por la victoria electoral dijo que la señora de Kirchner tiene una «oportunidad singular para promover un salto cualitativoen las relaciones bilaterales». Y agregó que es «una oportunidad todavía mayor para seguir fortaleciendo la sociedad estratégica y los esfuerzos comunes de profundización del Mercosur, dentro del marco de la integración sudamericana». Traducidas, estas palabras, que a primera vista pueden parecer un galimatías diplomático, están marcando una importante definición: Brasil busca una sociedad estratégica con la Argentina, dentro del Mercosur actual y éste a su vez dentro del contexto sudamericano.
Prioridad
Muy distinta fue la definición que la señora de Kirchner dio el lunes a un programa de televisión: «Tenemos que priorizar nuestro lugar en América latina, ampliar el Mercosur y el tema energía, que es el gran tema del futuro. La ecuación energética de América latina es fundamental». Distintas y opuestas las palabras de Cristina: al ampliar el Mercosur está incluyendo a Venezuela -algo a lo que el Congreso brasileño se viene mostrando muy reacio-, y al introducir la ecuación energética -un seguro dolor de cabeza en su administración venidera- está incluyendo nuevamente a Venezuela, además de Brasil, Ecuador y Bolivia.
En lo que hace a las relaciones con Brasil, la clave está en Venezuela. Cuanto más cercano sea el vínculo con Caracas, más diluida será la relación societaria con Brasil. En momentos en que el país vecino viene pisando muy fuerte en los círculos financieros internacionales (está a punto de lograr el «investment grade», constituiría un fondo soberano, el Bovespa cotiza en la Bolsa de Nueva York, Itamaraty negocia un acuerdo comercial entre el Mercosur y los EE.UU. -formato 4+1- y estaría por ingresar a un G-7 ampliado junto con la India y China), todo indica que Cristina de Kirchner todavía ve en Venezuela a la principal fuente de apoyo diplomático y financiero. Con lo cual, «el cambio dentro del cambio» pregonado en la campaña electoral no es tal, por lo menos en lo que a política exterior se refiere. El mandato Kirchner II parece que seguirá trastabillando en la oscilante cuerda tendida entre Brasil y Venezuela.
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