Las muertes de por lo menos 99 personas y los casi 80.000 evacuados no fueron la única consecuencia trágica de las lluvias que azotaron Santa Catarina, en el Sur de Brasil: la población local convive ahora con el miedo a epidemias y a saqueos y con gigantescas colas por agua y alimentos.
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Las calles de las ciudades más afectadas se convirtieron en escenario del caos, dice la información elaborada por una agencia de noticias internacional.
En el municipio de Itajaí, 1617 kilómetros al noreste de Buenos Aires, donde el 80% de las viviendas fue damnificado por la lluvia, al menos 24 personas fueron arrestadas por saqueos a un mercado.
La policía de Itajaí dictó una especie de toque de queda nocturno en las áreas afectadas por las inundaciones: las personas que circulen por las calles tendrán que explicar a los agentes por qué no están en sus casas.
"Las personas que no viven en esas regiones serán invitadas a abandonar el lugar, bajo pena de detención. Es una medida preventiva para evitar robos, saqueos y tumultos", afirmó el teniente Maister, de la policía militarizada local.
Según el agente, "el control se realizará en barrios donde todavía no se restableció el suministro de electricidad y donde las casas están vacías tras las inundaciones".
El capitán de la policía militarizada de Santa Catarina, Rogerio Teutonio da Silva, reveló que más de 2.000 personas participaron en la invasión al mercado. La abrumadora mayoría se llevó víveres y los agentes sólo arrestaron a los que intentaron sacar provecho de la situación para robar otros productos, como heladeras y televisores.
Ante esa situación, algunos temen un estallido social: "Los que necesitan donaciones y se enteran de que hay una ola de saqueos pueden sentirse impulsados a adherirse. Eso genera inseguridad. Hay gente que ya teme dejar sus casas, y muchos pueden intentar hacer justicia por mano propia", expresó el comisario Mauricio Eskudlark.
De hecho, en Blumenau, otra ciudad gravemente afectada por las lluvias, los habitantes cuyas viviendas no fueron destruidas por la tormenta se turnan para vigilarlas por temor a los saqueos.
"Hemos comprado una heladera y todavía la estamos pagando. Es una de las pocas cosas que tenemos", dijo Luis Carlos Luciano, en declaraciones publicadas hoy por la prensa local.
Para los que perdieron todo por la lluvia, acceder a los alimentos y al agua enviados por las autoridades a las poblaciones afectadas es casi una pesadilla porque la espera en las colas puede llegar a seis horas, y en algunos casos las canastas básicas son insuficientes para atender a todos los necesitados.
Según un reportaje publicado hoy por el diario "O Estado de Sao Paulo", el raparto de alimentos a los evacuados de Itajaí fue suspendido a las tres de la tarde del miércoles, cuando cientos de personas aún aguardaban su turno para acceder a los víveres.
"No hay previsión alguna sobre cuándo llegarán los próximos camiones", advirtió el capitán del Cuerpo de Bomberos, Renaldo Laureano.
En la medida en que se reduce el volumen de precipitaciones y empiezan a bajar las aguas, las autoridades de Santa Catarina dividen sus esfuerzos entre la búsqueda de al menos 19 personas que siguen desaparecidas, el rescate de las que quedaron aisladas y las medidas de prevención a brotes epidémicos.
La Secretaría provincial de Salud prometió repartir entre la población cartillas con informaciones sobre las formas de evitar infecciones intestinales y enfermedades como la hepatitis.
"Estamos entregando a la población botas, guantes, materiales de limpieza, para evitar brotes de infección", dijo el director de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud, Luis Antonio Silva.
Las medidas preventivas incluirán también advertencias sobre los riesgos de consumir alimentos y agua contaminados y la distribución de antibióticos en las 30 ciudades afectadas por la emergencia, de las cuales 12 se encuentran en estado de calamidad pública.
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