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25 de mayo 2006 - 00:00

Bush y Blair reconocen errores en Irak, pero no fijan plazo para retirar las tropas

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El presidente estadounidense, George W. Bush, y el primer ministro británico, Tony Blair, reconocieron este jueves errores en Irak, como la ausencia de armas de destrucción masiva y la tortura, aunque se negaron a fijar un calendario para la retirada de sus tropas del país árabe.

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"La decisión de sacar a Saddam Hussein del poder ha sido polémica", afirmó el presidente estadounidense en una rueda de prensa conjunta en la casa Blanca con Blair, su mayor aliado, ambos con una popularidad en mínimos históricos en gran medida a raíz de la guerra en Irak.

"No encontramos las armas de destrucción masiva que pensábos que estaban allá y esto alimentó las preguntas sobre si mereció la pena el sacrificio de Irak", reconoció Bush, más de tres años después de que Estados Unidos lanzara sus tropas contra Bagdad, bajo el pretexto de que disponía armas de ese tipo.

Al ser consultado sobre los errores cometidos en el país árabe, Bush, quien reconoce raramente haberse equivocado, confesó que la tortura practicada por soldados estadounidenses en la cárcel iraquí de Abu Ghraib "ha sido el mayor error". "Hemos estado pagando por eso durante un largo periodo", sostuvo.

Blair, por su parte, también se refirió a los motivos que originaron la guerra, aunque con otra intención: pedir apoyo de la comunidad internacional para el gobierno iraquí de Nuri Al Maliki, con el que se reunió hace tres días, tras su investidura el pasado sábado como primer ministro.

"Sé que la decisión de derrocar a Saddam Hussein dividió y fue polémica, pero no merece la pena repetir estos argumentos una y otra vez", dijo el primer ministro británico.

"Sean cuales sean las opiniones de la gente sobre la sabiduría de aquella decisión, ahora que hay un Gobierno elegido democráticamente en Irak, designado por su pueblo, y ahora que se enfrenta a los que tienen como misión destruir la esperanza de la democracia, tenemos que estar a la altura", afirmó.

Pese a confesar errores, Bush se declaró convencido de haber tomado las decisiones correctas y no lamentó haber ordenado la guerra.

"Si Saddam Hussein estuviera hoy día en el poder, su régimen sería más rico, más peligroso y una mayor amenaza para la región y el mundo civilizado", sostuvo, repitiendo un argumento a menudo esgrimido por Washington.

El presidente estadounidense también se negó a fijar un plazo para la retirada de las tropas: "Vamos a dejar allá el nivel de fuerza necesario para ganar", respondió el mandatario norteamericano, cortando de raíz los rumores y las especulaciones sobre una eventual retirada.

"Es importante que los estadounidenses sepan que la política no va a originar la decisión sobre el tamaño de nuestro nivel de fuerza", insistió el presidente estadounidense. "Creo fuertemente que actuamos y seguimos actuando correctamente", añadió.

"Nos quieren allá como apoyo hasta que tengan la capacidad" de controlar ellos mismos el país, agregó Blair, convencido de que las nuevas autoridades iraquíes conseguirán ese objetivo.

La constatación de que muchos de los argumentos esgrimidos por Bush y Blair para invadir Irak eran falsos, el costo de centenares de miles de millones de dólares de la ocupación y la muerte de unos 2.500 soldados estadounidenses y 111 británicos desde marzo de 2003, contribuyeron a que ambos dirigentes estén en históricos bajos niveles de aprobación en los sondeos de opinión.

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