Acostumbrado a usar a otros como herramientas de poder, Hugo Chávez se comporta ahora como un instrumento en la renovada puja de Rusia con EE.UU. La compra de moderno armamento concretada ayer -desde sistemas de defensa antiaérea hasta submarinos, pasando por aviones y tanques- eleva ya la cuenta de Venezuela con ese país a u$s 6.000 millones. Una delicia para los intermediarios (y sus amigos) -los verdaderos ganadores en ese mercado inclemente- y para una Rusia necesitada de fortalecer una de sus industrias tradicionales. Pero, además, puro rédito político para el Kremlin, que amenaza a la Casa Blanca con un remedo de la crisis de los misiles de 1962 en respuesta al escudo antimisiles que aquélla quiere desplegar en Europa. El lunes sugirió que apostaría superbombarderos con carga nuclear en Cuba; ayer el propio bolivariano le fue útil al pedir una base militar rusa en su país.
Hugo Chávez, ayer en Moscú junto a su colega ruso Dimitri Medvedev. Para Rusia, su acercamiento al bolivariano es un modo de irritar a EE.UU. debido a la puja que mantienen ambos países por el escudo antimisilístico que impulsa la Casa Blanca en Europa.
Moscú (EFE, DPA, AFP, Reuters) - El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acordó ayer en Rusia una nueva compra a gran escala de armamento, valuada en 2.000 millones de dólares, con el fin de fortalecer a la Fuerza Armada de su país ante los «planes agresivos» de Estados Unidos.
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«Vamos a toda vela. Estamos en proceso de rearme de la Fuerza Armada. Ya hemos cerrado la entrega de los (aviones caza) SU-30», señaló Chávez en rueda de prensa tras mantener una entrevista que definió como «cálida» con su par ruso, Dimitri Medvedev. El mandatario añadió que su país también «trabaja en la integración de su sistema antiaéreo, que garantizará la seguridad a corto, medio y largo alcance», proceso en el que lo asisten Rusia y Bielorrusia.
«Esta es la forma en que podemos garantizar la soberanía de Venezuela ahora que está amenazada por Estados Unidos. Queremos la paz, pero estamos obligados a reforzar nuestra defensa», afirmó.
Venezuela preveía concretar la compra de 20 sistemas de defensa antiaérea Tor-M1 (los mismos que Irán adquirió a fines de 2005), 26 bombarderos de combate de Sujoi, 12 aviones para transporte militar Il-76 e Il-78, veinte aviones patrulla Il-114 y diez helicópteros Mi-28N. También tres submarinos diésel-eléctricos de la clase Varshavianka y otros seis tipo Amur, diez buques de superficie y tanques.
Crédito
El bolivariano había adelantado antes de viajar que Rusia se había mostrado dispuesta a conceder a su gobierno un crédito de hasta 800 millones de dólares para la compra de armamento.
Las adquisiciones fueron calculadas en 2.000 millones de dólares por el diario moscovita «Kommersant», que se suman a los contratos por más de 4.000 millones de dólares firmados desde 2005. Desde esa fecha, Venezuela ha comprado a Rusia 50 helicópteros, 24 aviones de combate SU-30MK2 y 100.000 rifles Kalashnikov. Además concedió una licencia para fabricar los Kalashnikov AK-103 en su territorio.
La agencia «Interfax» había informado previamente que la delegación venezolana esperaba firmar contratos para comprar moderno armamento ruso por 30.000 millones de dólares en los próximos cuatro años, pero el propio Chávez lo negó.
«No sé de dónde ha salido dicha cifra: 30.000 millones de dólares en cuatro años.
Hay diferentes cifras, ya que es un proceso dinámico», replicó evasivo el venezolano, quien se mostró dispuesto a cerrar nuevos acuerdos en el futuro, según la agencia «RIA-Nóvosti».
Por otra parte, Chávez aseguró que las tropas rusas serían bienvenidas en caso de que Rusia quisiera emplazar una base militar en suelo venezolano.
«Rusia tiene suficiente potencial como para garantizar su presencia en diferentes partes del mundo. Si las Fuerzas Armadas rusas quieren estar en Venezuela, serán recibidas calurosamente», apuntó.
Según analistas, más allá de los buenos negocios para su importante industria armamentista y de la diversificación de sus mercados, lo que más seduce al Kremlin en su alianza con el bolivariano es irritar a EE.UU.
«Los rusos piensan que Chávez es una herramienta útil para molestar a los estadounidenses», dijo Peter Zeihan, de la consultora de riesgo político Stratfor. «Ellos lo ven como una manera interesante de tirarle la cola al león», añadió.
Escudo
La renovación de las tiranteces militares entre Moscú y Washington pasa por la intención de la Casa Blanca de establecer un escudo antimisiles que incluya a Europa del Este, con instalaciones clave en Polonia y la República Checa. Según la administración de George W. Bush, no se trata de una amenaza a Rusia sino de contener posibles ataques de otros países, como Irán, pero para el Kremlin se trata de una inaceptable intromisión en una zona que considerasu esfera de influencia histórica. En ese marco deben inscribirse también las versiones sobre un posible despliegue de bombarderos de larga distancia rusos en Cuba (ver nota aparte).
La reunión entre Chávez y Medvedev, celebrada en la residencia del mandatario local en las afueras de Moscú, incluyó también un acuerdo para que tres empresas rusas (la estatal Gazprom, la privada Lukoil y TNK-BP, de capital mixto) trabajen en la Faja del Orinoco de Venezuela, rica en petróleo.
Medvedev, ex presidente de Gazprom, añadió que una propuesta para crear un cartel de países productores de gas a imagen y semejanza de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) «no está descartada».
Irán y Venezuela, miembros del Foro de Países Exportadores de Gas, han apoyado la idea de crear «una OPEP del gas». Rusia es de lejos el mayor productor de gas del mundo, ya que controla un cuarto de las reservas mundiales.
La perspectiva de una OPEP del gas ha despertado temores en la Unión Europea y Estados Unidos. Los analistas de energía en general han minimizado esta idea debido a las diferencias entre el negocio del gas y el del petróleo.
Chávez viajará hoy a Bielorrusia, la segunda escala de su gira europea, donde se reunirá con el presidente Alexandr Lukashenko, considerado «el último dictador de Europa. Ambos abordarán asuntos de cooperación económica y energética, y, sobre todo, la posibilidad de que Bielorrusia comience a producir maquinaria agrícola en territorio venezolano.
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