El Senado brasileño asestó ayer a Lula da Silva una de las mayores derrotas legislativas de su mandato. Una mayoría de opositores y oficialistas descontentos rechazó por lo escaso el aumento del salario mínimo decidido por el gobierno (una referencia más importante en Brasil que en la Argentina para calcular los costos de las empresas en mano de obra) e impuso una suba mayor. El tema pasará ahora a la Cámara de Diputados y, aunque ésta se sume al Senado, Lula podría imponer sólo su derecho de veto. Pero eso no le evitará pagar un alto costo político frente a un Congreso lo que ha corrido «por izquierda». Tampoco le permitirá eludir la desconfianza de los mercados, dada la impresión de que al gobierno le está costando mucho más que antes conformar mayorías legislativas, lo que pone en peligro el avance de su agenda económica modernizadora.
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