21 de julio 2006 - 00:00

Crece en Beirut el repudio a Hizbollah

Cientos de libaneses se manifestaron ayer en Beirut contra la guerra. Cuando algunos empezaron a vivar a Hizbollah, el resto se fue a protestar a otro sitio, mostrando su rechazo a la milicia chiita.
Cientos de libaneses se manifestaron ayer en Beirut contra la guerra. Cuando algunos empezaron a vivar a Hizbollah, el resto se fue a protestar a otro sitio, mostrando su rechazo a la milicia chiita.
Beirut - Las manifestaciones celebradas ayer en Beirut pidiendo el fin de los ataques israelíes y las declaraciones de algunos destacados políticos del país muestran las primeras disensiones en el anterior apoyo casi unánime a Hizbollah.

El gobierno libanés, con un ministro de Hizbollah y otro próximo al grupo chiita, se distanció desde el primer momento de la captura de los dos soldados israelíes por la Resistencia Islámica, brazo armado de Hizbollah, pero en ningún momento lo condenó ni lo criticó.

Ayer, sin embargo, el primer ministro, Fuad Siniora, lo dijo muy claro: Hizbollah tiene que desarmarse porque «se ha convertido en un estado dentro del Estado», y para desarmarlos pidió ayuda a la comunidad internacional, en declaraciones al diario italiano «Corriere della Sera».

Tal vez para que no pareciera demasiado coincidente con la postura de Israel -que no esconde su intención de acabar con Hizbollah-, Siniora pidió también a este país que se retire de las polémicas Granjas de Cheba, de manera que le quitaría a Hizbollah su última justificación como movimiento que lucha por la liberación del territorio.

  • Ordenes

  • Más lejos que Siniora fue el druso Walid Yumblat, que en los últimos dos años se ha vuelto un furibundo antisirio tras haber sido aliado de Damasco, que, en unas declaraciones a la cadena LBC, aseguró que Hizbollah capturó a los dos soldados siguiendo órdenes de Damasco y Teherán, algo que el grupo chiita niega.

    Yumblat también criticó abiertamente al líder de Hizbollah, Hassan Nasrallah, por decir que su grupo libra una batalla en nombre de la Nación Arabe, y considera que el Líbano «tiene derecho a discutir la decisión (porque) la guerra y la paz no es monopolio de un partido».

    Estas primeras críticas abiertas al movimiento que ha embarcado al país en una semana de pesadilla coincidieron con dos manifestaciones celebradas en Beirut para pedir el fin de los ataques israelíes.

    Fueron dos porque cuando un grupo comenzó a corear eslóganes a favor de Hizbollah, la otra parte se separó de ellos para no verse mezclados en esos lemas

    Algo menos de dos centenares de personas se habían concentrado a las 11.00, hora local, frente a la sede de Naciones Unidas en Beirut, en el centro de la capital y una de las pocas zonas donde la reconstrucción de las cicatrices de las anteriores guerras es visible.

  • Rechazo

    Cuando la manifestación silenciosa fue rota por gente que gritaba en favor de la Resistencia Islámica, varias decenas de personas se enfadaron y prefirieron mostrar su rechazo a la guerra frente a la sede de la Unión Europea, donde había convocada otra protesta organizada por una cuarentena de organizaciones civiles.

    «No es el momento de discutir quién empezó la guerra ni tampoco se puede justificar por las razones a priori. Lo que tiene que saber Hizbollah es que su acción está llevando a que el país vuelva a ser arrasado por las bombas israelíes, ésa es la consecuencia que deben analizar», explicó Faruk, que se presentó como «libanés, árabe y sunnita».

    Yusef, un joven cristiano que llevaba una pancarta que decía «más de mil heridos gracias a los impuestos de EE.UU.», apenas contenía las lágrimas tras el incidente en la manifestación porque temía que supusiera «el inicio del enfrentamiento interno». 

    «Creo que nos van a terminar matando a todos porque en lugar de unirnos para exigir el fin de la violencia ya hemos vuelto a pelearnos entre nosotros y discutir sobre quién es el responsable de lo que sucede en el país», añadió. 

    Parecida opinión tenía Zeina, una joven artistaque se definió como «pacifista», que explicó que «el mundo debe entender que no es una guerra contra el terrorismo».

    «Casi no hay muertos de Hizbollah, las bombas están matando a civiles indefensos y destruyen todo nuestro trabajo de los últimos años», relató antes de concluir que las bombas israelíes «han acabado con todos nuestros sueños de paz».
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