El viceministro de Salud Pública explicó que cuando sobreviene una emergencia "se instauran medidas inmediatas de reanimación (y) el contralor queda de lado frente a la importancia de dar medicación de inmediato para salvar la vida".
Los enfermeros que confesaron haber asesinado al menos a 16 pacientes aprovechaban emergencias en los hospitales para sustraer drogas que luego usarían para cometer sus crímenes, revelaron autoridades sanitarias de Uruguay, que intensifican las medidas para aumentar los controles.
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El viceministro de Salud Pública explicó en conferencia de prensa que si bien en los centros sanitarios existe registro y control del uso de los medicamentos, cuando sobreviene una emergencia -como un paro cardiorrespiratorio o una hemorragia masiva- "se instauran medidas inmediatas de reanimación (y) el contralor queda de lado frente a la importancia de dar medicación de inmediato para salvar la vida".
"Esas ventanas en las cuales la atención en salud prima por sobre el control (...) eran ventanas que estos delincuentes con intencionalidad de hacer daño aprovecharon para adueñarse, según lo que dijo el juez, guardarlas y utilizarlas después en los procedimientos de asesinato que cometían", reveló.
Según Briozzo, los controles "en términos genéricos de la medicación dada no fallaron. Lo que sí falló de alguna manera fue que había personas que en vez de estar reanimando gente estaban especulando cómo robar medicamentos para guardarlos y después dar muerte a otras personas", enfatizó.
El Ministerio de Salud Pública (MSP) comenzó investigaciones administrativas en los sanatorios donde ocurrieron las muertes y está recibiendo asesoramiento de parte de técnicos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
"Nadie podía anticipar desde el punto de vista sanitario una epidemia criminal", dijo en la rueda de prensa el representante de OPS en Uruguay, Eduardo Levcovitz, quien reveló que la experiencia muestra que "el asesinato serial en los servicios de salud no es totalmente infrecuente".
"Lo único que se llega a concluir es que no hay motivos comunes, no hay metodologías comunes", aseguró.
Entre las medidas que estudia el MSP está la posibilidad de instalar cámaras en algunos sitios para registrar los tratamientos que reciben los pacientes internados y que funcionarían como "cajas negras", solo en caso de que se produzcan muertes dudosas.
Además, se apuesta a "tender al autocontrol del equipo médico", dijo Briozzo, lo que implica "cambiar la cultura de no denunciar a un compañero". Esto permitiría "minimizar el riesgo y, si ocurre algo, que sea detectado a tiempo con el menor daño posible", aseguró.
- "Decenas de muertes" -
Ni las autoridades sanitarias ni la Policía quieren manejar cifras o periodos en los que habrían actuado los enfermeros, que trabajaban desde hace más de una década en la salud, lo que alienta los temores de que las víctimas puedan ser decenas, o incluso centenares.
"Me dan mucho asco, y asco la gente que los tapó, que los protegió, que los apañó, porque detrás de ellos tiene que haber algún responsable", dijo Miriam Rodríguez, hija de Santa Gladys Lemos, cuyo asesinato la semana pasada aceleró las investigaciones y permitió detener a los enfermeros.
Lemos, una mujer diabética de 74 años, acababa de recibir el alta cuando murió sorpresivamente, lo que alertó al cuerpo médico, que ordenó una autopsia.
Los familiares de Lemos se enteraron el domingo que la muerte de su madre no había sido natural. "El juez nos dijo que había muchas personas, decenas, decenas de muertes", aseguró Miriam.
En las últimas horas, el teléfono de la Unidad de Información al usuario del MSP no ha cesado de sonar, recibiendo angustiosos llamados de familiares de fallecidos que podrían estar entre los casos investigados por la justicia.
Once de los homicidios -atribuidos a Ariel Acevedo, de 46 años- se produjeron en un CTI (Centro de Tratamiento Intensivo) neuroquirúrgico de la privada Asociación Española, una de las clínicas más grandes del país y donde trabajaban los tres acusados.
Los otros cinco fueron en una unidad de cuidados intermedios (cardiología) del público Hospital Maciel, donde trabajaba Marcelo Pereira (40).
Según fuentes judiciales, Acevedo asesinaba inyectando aire por vía intravenosa, lo que provocaba embelia pulmonar y paro cardíaco, mientras que Pereira inyectaba anestésicos.
Si bien los enfermeros aparentemente tenían una relación de amistad, hasta ahora la justicia no ha comprobado que ejecutaran a sus víctimas en forma coordinada.
El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, afirmó que la hipótesis policial que manejan los investigadores del caso es que los enfermeros no actuaron en conjunto.
Pero "sí sabían que los dos estaban haciendo lo mismo", dijo Bonomi a periodistas. "Incluso hasta como que había una suerte de competencia, pero no estaban haciendo y planificando lo mismo", explicó.
El ministro agregó que el período en el que se cometieron los asesinatos "es mucho más prolongado de lo que se cree". Aseguró además que si bien la Policía venía investigando el caso desde enero, el último homicidio "no se pudo haber evitado".
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