Mientras el culebrón de las presuntas coimas a un centenar de legisladores entrega cada día un episodio nuevo y más delicado, el objetivo casi excluyente del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, es ahora que el escándalo no dé por tierra con su principal obra de gobierno: los avances económicos. El real y la Bolsa volvieron a caer ayer (0,38% y 1,05%, respectivamente) al ritmo de las últimas revelaciones, que provocaron la renuncia del número dos del Partido de los Trabajadores y hoy mismo podrían hacer lo propio con su titular, José Genoino, y su tesorero. Mientras, ya se encienden algunas luces de alerta: semana tras semana el relevamiento del Banco Central entre los gurús de las finanzas arroja una expectativa de crecimiento más baja, alcanzando hoy a 3% que empalidece con las previsiones de 4,5% de principios de año. Mientras busca blindar la economía, Lula intenta dar señales de transparencia, presionando abiertamente a su propio partido para que aparte a todos los implicados en el caso. De que esas señales sean convincentes depende que fracase el plan político de la oposición: no culpar directamente a Lula por el escándalo de modo de no ser acusada de socavar la gobernabilidad, pero, mientras, erosionar poco a poco su imagen para hacerlo llegar vulnerable a las urnas, algo que hasta hace pocas semanas parecía una utopía.
«Seguimos creciendo en términos de exportaciones, en términos de Producto Bruto Interno (PBI) y del agronegocio, pero nadie sabe hasta qué punto esto puede continuar», dijo Rodrigues, al participar ayer de un seminario en San Pablo.
La semana pasada, el ministro de Desarrollo y Comercio Exterior,
El dólar ha venido cayendo sostenidamente en las últimas semanas en Brasil, retrocediendo a niveles de 2002.
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