En una clara alusión a la guerra contra Irak y a la muerte y destrucción que implica, el obispo de Roma, de 82 años, invitó una vez más a «mantener viva la esperanza frente al mal».
«El silencio de Dios puede ser fuente de perplejidad y puede ser considerado hasta escandaloso. Pero no se trata de una ausencia, como si Dios abandonara la historia en manos de los malos, permaneciendo indiferente e impasible», dijo Juan Pablo II. Profundamente conmovido por las imágenes que llegan de la invasión a Irak, el Papa comparó el silencio de Dios «con el trabajo de las mujeres que están por dar a luz, que jadean, soplan y después gritan».
Pero «el Señor hará surgir después un mundo nuevo, una era de libertad y de salud y abrirá los ojos a quienes no veían», fueron las palabras del jefe de la Iglesia Católica.
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