La Habana (EFE, Reuters) - Con motivo del quinto aniversario de la llamada «Primavera Negra», las Damas de Blanco, un grupo de madres y esposas de opositores encarcelados hace cinco años, realizaron una vigilia acompañadas por disidentes en la que aseguraron que el gobierno de Raúl Castro podría liberar a algunos presos políticos pero sin realizar una verdadera apertura.
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El grupo conmemoró el aniversario de una ola de arrestos que llevó a 75 de sus familiares tras las rejas y los condenó a hasta 28 años de prisión bajo cargos de conspirar con Estados Unidos. Cincuenta y cinco continúan presos.
«Esperamos más liberaciones poco a poco», dijo Laura Pollán, una de las Damas de Blanco.
Pollán presentó en su casa, situada en un barrio céntrico de La Habana, el libro «Enterrados Vivos», escrito en la prisión por su esposo Héctor Maseda, condenado a 20 años. Varios presos políticos fueron liberados desde que Fidel Castro se enfermó en julio de 2006 y transfirió temporalmente el poder a su hermano Raúl, que lo sucedió formalmente el 24 de febrero.
Excarcelados
Los cuatro últimos excarcelados del grupo de los 75, viajaron a España a mediados de febrero como resultado de un diálogo político entre Cuba y el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.
«Con Raúl quizás haya en otros campos alguna apertura, pero en cuanto a lo político pienso que va a ser igual», dijo Pollán, al presentar el libro impreso en EE.UU. y al que asistió el jefe de la Oficina de Washington en La Habana, Michael Parmly.
Durante la presentación, Pollán leyó una carta enviada en enero a su esposo por el presidente estadounidense George W. Bush. «Admiro su coraje y determinación de revelar esas realidades a pesar del alto riesgo», escribió el mandatario en la carta.
Según la Comisión Cubana de Derechos Humanos, un grupo ilegal pero tolerado, el número de presos políticos cayó de 283 a 234 en 2007. Pero los disidentes sostienen que aunque bajó el número de presos políticos, el acoso por parte del gobierno continúa y no hubo cambios desde que Raúl Castro asumió al poder.
Washington se unió a organizaciones internacionales de derechos humanos para pedir la excarcelación de los disidentes presos de lo que se conoce como la «Primavera Negra» de 2003 y otros de conciencia. «El pueblo cubano merece un cambio real y la oportunidad de participar sin miedo en un diálogo sobre el futuro de su país», dijo el Departamento de Estado.
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