ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

19 de junio 2007 - 00:00

Cunde desesperación por emigrar

ver más
Un grupo de palestinos que se agolpan en el paso fronterizo entre Gaza e Israel se cubre ante la llegada de los fotógrafos. Son familias de ex funcionarios de Al-Fatah, depuestos por Hamas, que temen sufrir represalias.
Erez, Gaza - El corredor de Erez, principal punto de paso entre Israel y la Franja de Gaza, donde se hacinan desde hace varios días unos 500 palestinos de todas las edades que sólo desean huir, tiene el aspecto desolado y caótico de un campamento de desplazados.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Los gritos y llantos de niños y mujeres se mezclan. Algunas veces las ráfagas al aire disparadas por soldados israelíes desgarran los tímpanos.

«Asilo político en los países árabes, en Europa, donde sea, eso es lo que queremos», exclama Amr.

Cuando los israelíes prohibieron el paso, tras la toma de control de Gaza por Hamas el viernes, los funcionarios cercanos al partido Fatah o miembros de los servicios de seguridad temieron convertirse en blanco de los islamistas.

Los nuevos amos de Gaza han sido severos para con los jefes del partido del presidente Mahmud Abbas o los responsables de la seguridad que no lograron salir a tiempo del territorio, en la actualidad cortado del mundo.

«Desde hace cuatro días dormimos aquí. Salí huyendo de Gaza con mi familia para intentar llegar a Cisjordania, pero Israel no quiere dejarnos pasar», deplora Amr, un ex funcionario del cuartel general del presidente palestino Abbas, sobre el cual ondea ahora la bandera verde, color del islam y emblema de Hamas.

A su alrededor, varios jóvenes se protegen la cabeza de los ardientes rayos del sol. Tras el imponente portón eléctrico gris controlado a la distancia, una decena de soldados israelíes, con escudos y fusiles de asalto, observan la escena.

«¡Retrocedan!», gritan cada vez que algunos intentan acercarse. Una orden a veces apoyada por una ráfaga disparada al aire, luego por una segunda. Todo el mundo retrocede.

«Soy un hijo de Abu Amar (nombre de guerra del difunto Yasser Arafat). ¿Dónde está Abbas? Que vengan aquí para que vean cómo sufrimos. ¿Dónde está la comunidad internacional?», clama Amr, con los nervios alterados.

A punto de llorar, grita: «¡Si no nos dejan ir a Cisjordania, que nos den asilo político en los países-árabes, en Europa, en Estados Unidos, o en donde sea!».

A su lado, Fátima, una joven mujer que llegó procedente de Jan Yunes con su marido y sus cinco hijos, rompe a llorar cuando suenan los disparos. «Sólo queremos ir a Ramala», en Cisjordania, solloza.

Sin familia allá, dice estar dispuesta a dormir «en la calle o en edificios oficiales», con tal de huir de Gaza.

Fátima cuenta que su marido era miembro de la Seguridad Preventiva, un órgano controlado por Abbas que protagonizó los sangrientos combates con los islamistas, que duran desde hace un año.

«Vinieron a la casa para apoderarse de las armas de mi marido y nos amenazaron», dice. Otra mujer se lamenta: « Tenemos a los soldados israelíes frente a nosotros y detrás a los hombres de la Fuerza Ejecutiva de Hamas».

Estos últimos están apostados a varios centenares de metros de la entrada del corredor e impiden ahora a todo palestino acercarse.

«Hay mucha gente en Erez que intenta viajar a Cisjordania. Ya no hay necesidad de huir, ya no hay más combates y la calma reina en las calles», dice un miembro de Hamas, insistiendo en que los temores de quienes desean huir ya no se justifican. «La Franja de Gaza es ahora un territorio seguro», afirma.

Últimas noticias

Te puede interesar

Otras noticias