El proyecto fue rápida y predeciblemente denunciado por activistas que consideran la clonación de embriones para investigación como el primer paso hacia las «granjas de bebés» y cosas peores.
Dos semanas después, un grupo de gente muy insólita que se hacen llamar los «raelianos» anunció que había logrado clonar un bebé en Europa. Por lo que cualquier observador independiente pudo establecer, la afirmación no era más que un palabrerío sin ninguna prueba. Los raelianos trajeron un poco de diversión durante la calma de la Navidad; siempre es bueno enterarnos de entusiastas que se niegan a leer diarios porque no creen en matar árboles, y nadie se olvidará de la imagen del mismo Rael, un ex piloto francés de carrera que pedía en la CNN que lo llamen «su santidad».
El verano pasado la Cámara de Representantes aprobó por un margen sustancial una prohibición amplia contra la clonación, tanto para investigación y la creación de embriones para experimentar, como propone Stanford, como la «clonación reproductiva», que crea bebés, como los raelianos.
En el Senado tal prohibición requeriría 60 votos, dadas las vetustas normas de procedimiento del cuerpo. Ni las fuerzas anticlonación ni el establishment científico lograron reunir esos 60 votos.
«Probablemente reunimos algunos votos» con las victorias republicanas en las elecciones de otoño, dice
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