El premier israelí adelantó que se enfocará en las cuestiones internas.
El premier israelí Benyamin Netanyahu busca conformar un gobierno de coalición "lo más amplio posible", tras su apretado triunfo en las elecciones legislativas del martes pasado, y conservar su liderazgo.
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"Hemos recibido de la población un mensaje claro", dijo Netanyahu en alusión a las elecciones en las que el bloque Likud-Israel Beitenu obtuvo el 23,23% de los votos, con 31 escaños de los 120 que componen la Knesset (Parlamento).
Y luego añadió: "La gente quiere que sea yo quien forme un gobierno el cual deberá realizar tres cambios: viviendas a un costo razonable, cambios en el sistema de gobierno y servicio militar para todos, incluidos los ultraortodoxos, quienes podrían elegir el servicio civil".
Netanyahu dijo que analizó estos temas con el número dos del Likud-Beitenu, Avigdor Lieberman, y que coincidió con él en la necesidad de formar, sobre la base de estos principios, un gobierno "lo más amplio posible".
En tanto, Yair Lapid, el líder del partido centrista Yesh Atid (Hay futuro), convertido en la segunda fuerza más votada con el 14,21% de los sufragios, es la nueva estrella del firmamento político israelí, con sus 20 bancas acreditadas.
Lapid rechazó la idea de construir un bloque de centro-izquierda contra Netanyahu. "No haremos ningún 'bloque de obstrucción'", aseguró Lapid en una declaración televisiva.
"No confiaremos en Hanin Zoabi", una parlamentaria árabe de izquierda, dijo Lapid, descartando una propuesta de la líder laborista Shelly Yahimovic.
Lapid aclaró así no querer entrar en la lógica de los bloqueos y le abrió la puerta al líder del Likud-Beitenu, Benyamin Netanyahu, quien con toda probabilidad se encargará la semana próxima de formar un nuevo gobierno.
Lo que Netanyahu debe ahora entender -a juicio de los analistas- es la clave justa para destrabar el nudo de las alianzas y alcanzar la formación de un ejecutivo en condiciones de gobernar.
Actualmente la Knesset (Parlamento) aparece dividida en dos bloques iguales, de 60 diputados cada uno: uno de la derecha y de los partidos religiosos, y otro de la izquierda con las listas laicas y aquellas de mayoría árabe.
Pero la situación podría cambiar mañana, con el final del conteo de los votos del ejército, con el posible paso de una banca del área de izquierda a aquella de la derecha.
Las posibilidades acreditadas entonces son tres: una coalición solo de derecha que comprendería al Likud-Beitenu, el Hogar judío de Naftali Bennett, los religiosos del Shas y los ultraortodoxos de "Unidos por la Torá".
Los analistas políticos señalan sin embargo una problemática en la relación entre el Likud-Beitenu y el Hogar judío de los colonos, acusados por exponentes del primero de malversar votos a Netanyahu.
La segunda coalición podría ser integrada por la "derecha, los religiosos y el centro" con 85 diputados, formado por un número considerable de bancas del Likud-Beitenu, del Hogar judío, del Shas, de los Judíos Unidos en el Torá, vigorizado por el partido Hay futuro de Lapid y por el Movimiento de Tizpi Livni.
Solución posible sobre los papeles, pero la convivencia entre Lapid, Livni y los religiosos, al menos por ahora, podría ser difícil.
Luego está la tercera hipótesis: la exclusión de los religiosos y de los ultraortodoxos para un gobierno formado por el Likud-Beitenu, Hogar Judío, Lapid y Livni.
El total de las bancas sería de 67, un aceptable compromiso a juicio de los medios que recuerdan el precedente de Ariel Sharon, que dejó fuera del gobierno a los religiosos.
El líder de Hay futuro no tendría entonces en cuenta los fuertes reclamos de los Laboristas para no ceder a un gobierno de Netanyahu y mucho menos de la recalcitrante, por ahora, Livni. Quedaría entonces fiel a su electorado, menos propenso al acuerdo con la izquierda.
Netanyahu, por lo tanto, tendrá una dura tarea de poner las piezas en sus respectivos lugares de este rompecabezas, antes de llegar a la composición final y recibir el encargo del presidente Shimon Peres de formar un nuevo gobierno.
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