POSTALES de un día dramático. Benjamín Netanyahu vivió con euforia la inauguración de la embajada estadounidense en Jerusalén. En tanto, en Gaza, miles de manifestantes intentaron aproximarse a la cerca impuesta por Israel, pero fueron frenados a tiros.
én - La inauguración de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, que cumple una de las promesas más controvertidas del presidente Donald Trump, causó un baño de sangre ayer en la Franja de Gaza, donde al menos 52 palestinos murieron por disparos israelíes.
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El balance trágico de un día de celebraciones del lado israelí y estadounidense, constituyó el más mortífero del conflicto israelo-palestino desde la guerra de 2014 en la franja palestina.
Mientras los funcionarios estadounidenses e israelíes celebraban un momento "histórico" y la fortaleza de su alianza bajo una gran carpa blanca plantada en el terreno de la nueva embajada en Jerusalén, decenas de miles de palestinos protestaban a pocos kilómetros de distancia, en la bloqueada Gaza.
Los más arriesgados enfrentaron los disparos de los soldados israelíes arrojando piedras y bombas incendiarias e intentando forzar el fuerte dispositivo de seguridad en la zona.
Israel había advertido que usaría "todos los medios" para proteger a sus soldados y la barrera contra cualquier persona que se acercara a ella.
Según el ministerio de Salud de Gaza, 52 manifestantes murieron por disparos israelíes y varios cientos resultaron heridos. Entre los muertos, figuran "ocho niños menores de 16 años", dijo el embajador palestino ante la ONU.
La decisión de Estados Unidos, denunciada y criticada por la casi totalidad de la comunidad internacional (ver página 17), rompe con décadas de diplomacia estadounidense y de consenso internacional.
Por ahora, sólo Guatemala y Paraguay se han comprometido a imitar a Estados Unidos y trasladar su embajada a la ciudad santa.
La Autoridad Palestina acusó a Israel de haber cometido una "horrible masacre" en la frontera y pidió "una intervención internacional inmediata para frenar" esta ofensiva, "llevada a cabo por las fuerzas israelíes de ocupación".
El presidente palestino, Mahmud Abás, que declaró tres días de luto, añadió que "Estados Unidos ya no es un mediador en Oriente Medio", y calificó a la embajada estadounidense de "nuevo puesto de avanzada de la colonización". También anunció una huelga general para hoy, día en que los palestinos recuerdan la "Nakba", la catástrofe que representa para ellos la creación en 1948 del Estado de Israel.
Refiriéndose al plan de paz prometido por el presidente estadounidense, aún no revelado, Abás dijo que "no aceptaremos nada de su parte, no escucharemos nada que venga de ellos". La Autoridad palestina sólo aceptará una "mediación internacional", agregó.
En tanto, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, agradeció a Trump, que según él "hizo historia" al trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén.
"Éste es un momento histórico. Presidente Trump, al reconocer lo que pertenece a la historia, usted hizo historia", dijo Netanyahu en la ceremonia de inauguración de la misión diplomática.
"Todo país tiene la obligación de defender su territorio", señaló Netanyahu en Twitter. "La organización terrorista de Hamás (ndr: que gobierna Gaza) proclama su intención de destruir a Israel y envía con este fin a miles de personas para forzar la frontera", añadió.
El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, reafirmó el compromiso de su país con una "paz global y duradera entre Israel y palestinos", pero no mencionó a los muertos en un escueto comunicado divulgado en Washington.
Más tarde, el portavoz de la Casa Blanca Raj Shah afirmó que "la responsabilidad por estas trágicas muertes es directamente del Hamás". Añadió que ese movimiento islamista está "provocando a propósito y cínicamente" y que Israel "tiene el derecho de defenderse".
Miles de personas se manifestaron desde la mañana en la frontera entre Gaza e Israel. Los soldados israelíes abrieron fuego cuando los manifestantes se acercaron a la valla, donde el ejército casi duplicó sus efectivos.
Los israelíes ven en la decisión estadounidense el reconocimiento de una realidad histórica de 3.000 años del pueblo judío. Esta coincidió con el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel, en pleno entusiasmo nacionalista y fervor proestadounidense.
Pero la iniciativa unilateral estadounidense causó un enorme disgusto entre los palestinos, que la consideran el resultado del posicionamiento a ultranza adoptado por Trump a favor de los israelíes desde que asumió el cargo, en 2017.
Según ellos, el traslado supone la negación de sus derechos. Israel se apoderó de Jerusalén oriental en 1967, colonizó su sector oriental y lo anexó. Toda Jerusalén es su capital "eterna e indivisible", afirmó por ley.
Los palestinos, por su parte, desconocen esa anexión y pretenden establecer en Jerusalén oriental la capital del Estado al que aspiran.
Para la comunidad internacional, Jerusalén Este sigue siendo un territorio ocupado, por lo que las embajadas no deberían instalarse en la ciudad hasta que el estatuto de la misma no sea negociado entre ambas partes.
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