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15 de marzo 2005 - 00:00

Delincuentes iraquíes se confiesan por televisión

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“l ministro del Interior insiste en que las emitamos", afirma un hombre al dejar una cinta en la mesa de Karim Abdel Jabbar, director técnico del canal público Iraqia, que emite esas imágenes.

En una diminuta habitación, Jabbar mira una secuencia en la que un saudita confiesa haber ido a Irak a hacer la yihad o guerra santa.

Junto con otras confesiones de presuntos insurgentes y criminales, aparecerá en el programa diario "Terroristas en las garras de la justicia".

"Es una terapia para la población", afirma, hablando del programa que empezó hace menos de un mes.

La mayoría de los iraquíes quiere que los sospechosos sean ejecutados públicamente, y son pocos los que consideran propagandístico ese programa, que presenta a los rebeldes como psicópatas y criminales instrumentados por el extranjero, sobre todo por Siria.

"Sí, señor, soy yo", dice Hamid al Huwaidi a la cámara.

Acaba de admitir que es el autor de unas fatwas (decretos religiosos) que autorizaban el asesinato de decenas de soldados en Mosul (norte), argumentando que eran "colaboradores".

Tras la confesión se ve una escena filmada por el grupo yihadista Ansar al Suna, en la que aparecen soldados iraquíes ejecutados de un balazo en la espalda y empapados en su propia sangre.

"La idea del programa nació en Mosul", explica Abed Karim Hamadi, director de informativos de este canal, financiado en sus inicios por la coalición encabezada por Estados Unidos.

En enero la oficina de Mosul recibió la confesión de un comandante de las fuerzas especiales iraquíes que hablaba con el seudónimo de Abú al Walid.

“l éxito fue inmediato. Entonces les pedí que hicieran una especie de documental", explica Hamadi.

Al ver la confesión de un hombre en el programa, una mujer de Mosul reconoció al asesino de su hijo, el policía Omar Jamal.

"El rubio es él", dice en otro video apuntando al hombre de rostro tumefacto, junto a otros sospechosos vigilados por los hombres de Abú al Walid.

"¿Qué debemos hacer con él?", pregunta una voz en off masculina.

Mostrando la fotografía de su hijo, responde: "Vengarme".

En otro episodio, un joven de unos 20 años reconoce haber colocado bombas y atacado a las fuerzas estadounidenses e iraquíes a cambio de recompensas de hasta más de 100 dólares.

"Ahora háblenos de su familia", dice una voz no identificada.
"Mi madre es prostituta, mi hermano y yo somos homosexuales", responde el hombre.

El jefe del grupo, presentado por el investigador militar como un "sodomita" afirma tener relaciones con dignatarios religiosos extremistas sauditas, sobre todo con el mufti del reino, el jeque Abdel Aziz al Cheij.

"No me pierdo jamás un episodio y creo que los interrogatorios están llevados a cabo correctamente.
Esa gentuza debería ser exterminada", dice Choala Ali, de 52 años, que se presenta como activista de los derechos humanos.

Para un jurista estas emisiones violan los derechos individuales inscritos en la ley fundamental que impera en el país.

"Es una jurisdicción militar y no civil la que interroga y redacta los actas de acusación", subraya Abdel Majid al Sabaui, profesor de la Universidad Mustansiriyá.

Sin embargo el ministro de Derechos humanos no admite estas acusaciones.

"Estamos en una situación de seguridad excepcional", responde el ministro Bajtiar Amin a la cuestión de si no considera una agresión a la integridad de los prisioneros el mostrarlos a cara descubierta y divulgar su nombre.

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