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Sin embargo, toda la esperanza que genera este crecimiento y la ilusión de una Europa unida bajo un mismo régimen trae consigo también los miedos respecto de cómo este nuevo gigante de 453 millones de personas podrá enfrentar las complicaciones derivadas de las disparidades económicas que existen entre sus integrantes y la ausencia total de coordinación de sus políticas en campos tan sensibles como la defensa y la política exterior, así como la eventual reacción que puedan tener los antiguos quince miembros si ven amenazadas sus posiciones relativas por parte de los nuevos integrantes o por los cambios que pudieran generarse en el mercado.
Si bien lo que existe hoy son sólo incógnitas y no respuestas, lo cierto es que los países europeos están tomando sus prevenciones en resguardo de lo que pudiera ocurrir. Aquí en Francia, al menos, el gobierno ha entendido que no puede ni debe permitir una crisis industrial de los grandes grupos de origen francés, como tampoco perder en manos de extranjeros el control de industrias estratégicas, aun a riesgo de ciertas rispideces con las autoridades europeas. Al cuestionado salvataje de Alstom -uno de los gigantes de la industria francesa- liderado por el Estado que aún no ha superado las objeciones por parte de las autoridades de la Unión, ha seguido la intervención política directa del gobierno para evitar que el grupo Novartis de Suiza tomara el control del titán farmacéutico franco-alemán (Adventis-Sanofi), ejerautoridadesciendo todo tipo de presiones para bloquear el ingreso de los inversores extranjeros en esta área, y no ruborizándose al ser caracterizado como un gobierno «intervencionista», protector del «interés industrial nacional» o de promover el regreso del « pompidouismo». Con la misma naturalidad está gestionando en el Parlamento francés una ley que ya tiene media sanción legislativa para la protección de Air France. Por su parte, Italia también enfrenta la fuerte crítica de las autoridades comunitarias por el incumplimiento de las metas impuestas en materia de déficit presupuestario -el que mantiene fuera de los límites permitidos como fuente de subsidio a actividades consideradas integrantes del «interés nacional», especialmente industrial-y España debió enfrentar una investigación de las de la Unión por haber otorgado un «perdón» impositivo parcial a una empresa (Outokumpu) para que la misma pudiera continuar operando y no cayera en quiebra, haciendo prevalecer el interés social, la continuidad del emprendimiento y las fuentes de trabajo, bajo el pretexto de privilegiar las « futuras recaudaciones». No menos audaz es el intento actual de promover -desafiando las directivas comunitarias-una rebaja del IVA a las actividades e industrias «culturales».
Mientras tanto, en Eslovaquia -y dentro de un primer plan de «relocalización» industrial-, a pocos kilómetros de su capital, Bratislava, se está instalando una nueva planta automotriz como cabeza de playa para la generación de una «nueva Detroit».
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