El accidente ocurrió a metros de la estación de Santiago de Compostela.
"Descarrilé, qué le voy a hacer, qué voy a hacer". Uno de los dos conductores del tren de alta velocidad que protagonizó una de las peores tragedias ferroviarias en la historia de España expresaba su desesperación mientras hablaba por el teléfono móvil.
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El tren que manejaba junto a otro conductor descarriló en las inmediaciones de Santiago de Compostela, la capital de Galicia. Murieron al menos 69 personas. El conductor cuya conversación telefónica recogía esta noche la edición online del diario "La voz de Galicia" resultó ileso, como su compañero. Tras salir del tren, ambos se implicaron inmediatamente en las tareas de rescate de los heridos.
Para entonces, junto a las vías estaban ya Abel e Iván, dos jóvenes gallegos que trataban esta noche de explicar lo inexplicable. "Escuchamos un ruido tremendo, enorme, como nunca. Bajamos y ya vimos el convoy separado en dos trozos".
Mientras la ciudad de Santiago de Compostela se disponía a vivir su noche grande, la previa a la festividad este jueves del apóstol, el tren Alvia descarriló en las inmediaciones de la capital gallega. Había partido de Madrid a las 15 horas (local) y se dirigía a Ferrol.
En él viajaban 218 pasajeros, muchos de ellos madrileños dispuestos a iniciar las vacaciones estivales en Galicia. Sumando a la tripulación, en el convoy iban 224 personas.
Abel e Iván fueron dos de las primeras personas que se lanzaron a las vías a ayudar a las víctimas. Estaban en su casa y saltaron cuando oyeron el estruendo, según contaron a medios españoles. "Estamos muy impactados, es inexplicable". Los jóvenes repetían haber visto escenas indescriptibles.
El de hoy es el primer siniestro con muertos en una vía de alta velocidad en la historia de España. El tren Alvia descarriló en una curva cerrada: la curva de A Grandeira. Cuando se inauguró, los técnicos calificaron ya ese tramo de "difícil". Esta madrugada se barajaba un posible exceso de velocidad del convoy en esa zona como causa del accidente.
Abel e Iván, junto a otros vecinos de Angrois, una parroquia situada a unos cuatro kilómetros de estación ferroviaria de Santiago de Compostela, comenzaron a sacar heridos de los 13 vagones del tren. Uno ardía. Otro había saltado por los aires, volando más de cinco metros antes de impactar con el suelo. El resto había volcado.
"Se sintió un fuerte golpe y ya vimos una columna de polvo enorme. Cuando llegamos abajo, vimos que era el tren y empezaba a arder la máquina", narró por su parte Alberto, otro vecino del lugar.
Los propios pasajeros del tren que no resultaron heridos de gravedad prestaban auxilio a quienes se encontraban cerca, según el testimonio de los testigos. Entretanto comenzaron a llegar ambulancias, bomberos y policía al lugar. "Había gente abajo con piedras, intentando abrir las ventanas", explicaba una joven. "Es lo peor que viví en mi vida", decía otro de los testigos.
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