«La Tierra Santa está sumida de nuevo, en estos últimos días, en el horror y la desesperación», dijo el Papa, quien calificó la situación de El pedido del anciano Papa, quien apareció en mejor forma que el Viernes Santo, cuando tuvo que renunciar a recorrer el Vía Crucis por la artrosis que sufre en la rodilla derecha, resultó particularmente emocionante. «¡Nadie puede quedarse callado e inerte. Ningún responsable político o religioso! A las denuncias deben seguir hechos concretos de solidaridad que ayuden a todos a encontrar el mutuo respeto y el tratado leal», exclamó el Papa.
El pontífice recordó también los sufrimientos que padecen otros pueblos, como el de Afganistán, «sometido a una dura prueba en los últimos meses y afectado ahora por un terremoto desastroso».
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