Dos frentes de baja presión confluían en el área del nordeste atlántico de Nueva York y Nueva Inglaterra, respectivamente, con una fuerte descarga de nieve y lluvia, mientras otro provenía del Medioeste y los Grandes Lagos, con nevadas y fuertes vientos.
Muchos trabajadores dejaron sus automóviles en sus casas y enfrentaron temperaturas de -10°C o menos, esperando trenes y transportes públicos, para evitar las resbaladizas rutas recubiertas de hielo. Del casi medio centenar de muertos, la gran mayoría fue atribuida a accidentes viales, mientras que
La empresa ferroviaria Amtrak también resolvió interrumpir los trenes costeros por la conectividad que el hielo genera en las torres eléctricas, y suspendió el trayecto entre Nueva York y Miami. Las autoridades también desaconsejaron circular por autopistas. Desde la mañana, unos 250.000 clientes carecían de electricidad en Carolina del Sur, otros 50.000 en Carolina del Norte y casi 60.000 en Georgia.
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