El gobierno saudita, comandado por la dinastía de la familia Saud y la secta radical wahabita, es uno de los más firmes aliados de EE.UU. en Medio Oriente y tiene bajo su órbita el destino de 25% de las reservas petroleras del mundo.
«Como muchos otros en el mundo, los sauditas no tomaron plena conciencia de que muchas organizaciones que llevan nombres de obras de caridad sirven para financiar el terrorismo», aseguró Rice. Arabia Saudita anunció el 2 de junio la disolución de la fundación islá-mica de caridad Al-Hara-main Islamic y otros grupos privados acusados por Washington de financiar al terrorismo.
En tanto, Powell recordó que Estados Unidos había «reducido» su presencia oficial en Arabia Saudita y «aconsejó» a los ciudadanos estadounidenses «aplazar todo viaje» a ese país.
El Foreign Office británico anunció que autorizó a los miembros del personal diplomático británico no esencial y sus familias a salir de Arabia Saudita, señalando que «no es una respuesta a los acontecimientos de ayer» en el país árabe.