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Barack Obama.
"La lista de retos que Somalia debe afrontar es larga. El crimen y la corrupción son problemas graves, y también hay una necesidad urgente de transparencia", advirtió.
Somalia vive en un estado de guerra y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, hecho que dejó al país sin un Gobierno efectivo y llevó al Ejecutivo estadounidense de George H. W. Bush (1989-1993) a cerrar su embajada en Mogadiscio y dejar las relaciones bilaterales en suspenso.
La milicia islámica Al Shabab, que anunció en febrero de 2012 su unión formal a la red terrorista Al Qaeda, lucha para instaurar en Somalia un Estado islámico de corte wahabí, y controla amplias zonas del centro y el sur del país, donde el frágil Gobierno somalí todavía no está en condiciones de imponer su autoridad.
"El mayor reto que afronta Somalia es interno: los somalíes deben decidir si quieren ser un país unido, en el que las áreas recién liberadas (del control de Al Shabab) no sean islas", señaló Sherman.
A finales del año pasado, Estados Unidos desplegó personal militar en Somalia por primera vez en dos décadas, para ayudar a coordinar las operaciones de las autoridades locales y la Misión de la Unión Africana en el país (AMISOM).
Ese despliegue, que hoy continúa, supuso la primera vez que el Pentágono situó a tropas estadounidenses directamente en suelo somalí desde la fallida operación "Black Hawk Down" de 1993, en la que dos helicópteros fueron derribados y 18 soldados perdieron la vida.



