De todas maneras, el clima de miedo no es tan elevado como el que prevaleció después de los atentados del 11 de setiembre de 2001 contra el Pentágono y las Torres Gemelas de Nueva York.
Se calcula que unos 36 millones de personas se movilizarán al menos a ochenta kilómetros de casa para compartir el tradicional pavo de la cena de Acción de Gracias con familiares y amigos.
Mientras los estadounidenses pasarán las próximas horas en aviones, trenes y automóviles o en casa celebrando, las fuerzas de policía y los analistas de inteligencia trabajarán a turno completo hasta el domingo próximo.
El gobierno federal decidió mantener el «semáforo-» antiterrorista en amarillo y no subirlo a naranja, como hizo en otras oportunidades semejantes, aunque el Departamento de Seguridad Interior lanzó el viernes un alerta tras la ola de atentados en Irak y en Turquía.
Las autoridades norteamericanas tuvieron un susto en Manhattan, donde un incidente en el metro (subterráneo) provocó que los medios de comunicación extendieran el «alerta popular» ante un posible ataque terrorista. Pero la policía desmintió rápidamente cualquier posibilidad de una mano extremista detrás del episodio.
«Los resultados fueron negativos de que sea radiológico. No se sospecha de algo delictivo», dijo
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