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7 de mayo 2008 - 00:00

El espíritu de Rockefeller ya vuelve a Exxon

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John D. Rockefeller está de regreso en la Exxon. Al menos en espíritu. Y a través de sus descendientes, que con un fuerte lobby hoy buscan introducir cambios en la conducción de la compañía. Rockefeller, el primer « billionaire» en la historia de los EE.UU., fundó en 1870 la Standard Oil, que después se transformó en ExxonMobil. De los 78 familiares directos del viejo John, 64 (los mayores de 21 años) promueven una reforma drástica en el manejo del coloso petrolero. Proponen que en la próxima reunión anual de accionistas del 28 de mayo se introduzcan cuatro cláusulas para reinstalar los preceptos empresariales de su ancestro. Uno de ellos, sobre todo, es el que genera más conflictos: repartir la conducción de la compañía entre un CEO y un presidente del directorio. Hasta hoy, la Exxon siempre fue manejada por una única cabeza, con ambos cargos de presidente y CEO.

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La dinastía Rockefeller optó por dar a conocer su conflicto. Necesita la fuerza de la prensa y de la opinión pública para lograr introducir sus reformas, ya que su posición es bien débil. Sólo tienen 332.000 de un total de 5.400 millones de acciones, repartidas entre 2,5 millones de accionistas. Apenas 0,006% de la compañía, como se encargó de ventilar el vocero de Exxon (no hace falta aclarar de qué lado está).

Los argumentos de los descendientes del fundador son varios, entre históricos y posmodernos. Se presentan como los únicos accionistas que han tenido una permanencia «continua» en la compañía. Un eufemismo para querer que se dé preferencia a sus magras acciones, que el resto de los accionistas, por supuesto, ignora.

  • Axioma

  • Dentro de esa línea de «herencia histórica» es que reflotan el axioma del viejo John: «Para tener éxito hay que probar nuevos caminos y no seguir por la senda trillada del éxito». Y aquí es donde los Rockefeller introducen los postulados «posmoverdes». Si bien la Exxon es una empresa disciplinada, eficiente y que da excelentes dividendos, necesita ya mismo adaptarse a los cambios que se vienen. Necesita diversificarse e invertir fuera del petróleo, más cuando 80% de las reservas mundiales está en manos de compañías estatales.

    El razonamiento es, desde ya, verde: calentamiento global, emisión de gases tóxicos, efecto invernadero, escasez de combustibles fósiles. «Exxon todavía pelea la última guerra y no ve que hay que enfrentar la nueva guerra», dice Peter O'Neill, tataranieto del fundador. Pide, con sus parientes, un rápido giro de la petrolera hacia combustibles o energías alternativas. Algo que la Exxon, una gigante con tranco de elefante, no se apresura a hacer. Son reformas que resultarían muy difíciles de introducir a no ser que la conducción de Exxon se hiciese bicéfala. Confían en que sólo un presidente del directorio, distinto y alejado de los tecnicismos de un CEO, puede adoptar nuevas filosofías.

    Exxon dio a conocer, el 1 de mayo, los resultados trimestrales de la compañía. Espectaculares: u$s 10.900 millones de ganancias. Pero no alcanzaron para merecer los hurras de Wall Street ni, por supuesto, de los Rockefeller. A diferencia de sus competidoras Shell y BP, la petrolera texana mostró una merma de 10% en la producción trimestral, originada en la caída del «upstream» en Venezuela y Africa. Además, destinó casi u$s 8.000 millones a la recompra de acciones, lo que le quitó u$s 5.500 millones que debería haber invertido en exploración y en capital.

    Esta es la segunda vez que el clan Rockefeller arremete contra la conducción de ExxonMobil. El año pasado, su propuesta obtuvo 40% de los votos en la reunión de accionistas. Confía en que en la de este 28 de mayo prevalezcan los preceptos flexibles e imaginativos del fundador, John D., que siempre se adelantó a los tiempos. «Exxon se tiene que renovar: cuando nadie lo imaginaba, mi bisabuelo Rockefeller vio que el futuro estaba en el querosén, que finalmente reemplazó al aceite de ballena», dice su descendiente Neva Rockefeller Goodwin. Quizás los Rockefeller lo logren, a pesar de que desde 1911 la familia no tiene ningún representante delegado en el directorio de Exxon.

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