Montevideo (enviado especial) - Con la entrega del mando a Tabaré Vázquez, Jorge Batlle parece haber clausurado la fuerte presencia que su apellido tuvo en la vida política uruguaya en el último siglo y medio, durante el cual cuatro Batlle ocuparon el más alto cargo del país.
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La saga la inició en 1868 Lorenzo Batlle, que fue presidente hasta 1872.
Luego, ya iniciado el siglo XX, el tío abuelo del saliente presidente, José Batlle y Ordóñez, ocupó en dos ocasiones ese cargo: entre 1903 y 1907 y luego entre 1911 y 1915. Cuarenta años más tarde, Luis Batlle Berres, padre del hasta ayer mandatario, estuvo al frente del Poder Ejecutivo de Uruguay.
La accidentada gestión de Jorge Batlle -atravesó, a los tumbos, la crisis económica de 2001, en la que Uruguay se vio arrastrado por la Argentina-parece marcar el fin de la dinastía familiar ligada al Partido Colorado. Rompiendo una costumbre, ninguno de los dos hijos del ahora ex presidente, Beatriz y Raúl Lorenzo, han mostrado interés -hasta ahora-por incursionar en política. En todo caso, deberá esperar que esa posta la tome alguno de sus cuatro nietos. Durante su mandato, Batlle fue un hombre que se caracterizó por despertar polémicas. Eso le ocurrió con Cuba, país con el que terminó rompiendo relaciones en 2002, después de haberse alineado con EE.UU. en un voto sobre derechos humanos en la ONU. También con el gobierno de Eduardo Duhalde, cuando en una recordada frase dijo que «los argentinos son una manga de ladrones, del primero al último». Luego llegó el llanto y el pedido de disculpas en Buenos Aires.
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