San Pablo (AFP).- El papa Benedicto XVI le dio ayer a los brasileños su primer santo en una misa con un millón de fieles a quienes pidió defender la castidad y el matrimonio, y llamó a los obispos a recuperar católicos, ante el fuerte avance de las sectas en América Latina.
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"Declaramos y definimos como santo al beato Antonio de Sant'Anna Galvao, y lo inscribimos en la Lista de los Santos, y establecemos que, en toda la Iglesia, sea devotamente honrado entre los santos", dijo el pontífice ante una emocionada multitud estimada en un millón de personas por el Ejército.
Desafiando el frío, cientos de miles de personas invadieron desde la madrugada el aeródromo de Campo de Marte, donde el papa Juan Pablo II había celebrado también una misa en 1980, en su primera visita a Brasil.
Pero a diferencia de la celebración presidida por Juan Pablo II, la misa careció de música o danzas locales y fue una sobria ceremonia clásica, lo que no impidió la emoción de los fieles por tener su primer santo nativo.
"Brasil es grande, Brasil es lindo y ahora tenemos un santo, (...) tenemos mucha suerte", celebró Juliane Oliveira de Souza, de 17 años, estudiante de Rio de Janeiro.
Fray Galvao, nacido en 1739 y fallecido en 1822, es venerado por sus supuestas curas de enfermos desahuciados, gracias a sus famosas "píldoras", minúsculos papelitos enrollados con una invocación a la Virgen María que deben ingerirse en casos desesperados.
Benedicto XVI llamó a seguir el ejemplo del santo, "en una época tan llena de hedonismo", con la práctica de la castidad dentro y fuera del matrimonio.
Llamó además a decir "no" a la prensa que "ridiculiza" la virginidad antes del casamiento y la "santidad del matrimonio".
Un mensaje en el mismo tono del transmitido el jueves a 40.000 jóvenes latinoamericanos, a quienes llamó a convertirse en "apóstoles" del mensaje cristiano y a respetar la castidad y el matrimonio, al tiempo que reiteraba su mensaje contra el aborto y la eutanasia.
En su primer discurso a los obispos brasileños, su última actividad en Sao Paulo antes de partir hacia Aparecida (160 km de Sao Paulo), el pontífice hizo nuevamente referencia indirecta al aborto, despenalizado recientemente en ciudad de México y en debate en Brasil.
"Se ataca impunemente la santidad del matrimonio y la familia, comenzando por hacer concesiones ante presiones capaces de incidir negativamente sobre los procesos legislativos; se justifican algunos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual", lamentó.
En otro frente, el pontífice llamó a "no economizar esfuerzos en la búsqueda de los católicos apartados", denunció "el proselitismo agresivo de las sectas", la "multiplicación" de "nuevas denominaciones cristianas" y "las embestidas del agnosticismo, del relativismo y del laicismo".
América Latina ha sufrido en las últimas décadas el crecimiento exponencial de los credos evangélicos pentecostales, a costa de una sangría de fieles en la Iglesia católica.
En sus orientaciones, el Papa dijo que la finalidad de la Iglesia debe ser exclusivamente "la salvación de almas", pero sin descuidar el "pan material", llamando a la Iglesia a ayudar a los pobres en sus "necesidades más urgentes".
Pero se declaró contrario a la vinculación de los sacerdotes con política o ideología.
Un mensaje claro en una región que en las décadas del 60 y el 70 vio crecer la Teología de la liberación, asociada a la izquierda, que proclamaba un trabajo más próximo a los pobres y cuyos principales exponentes fueron silenciados por el Vaticano, muchos de ellos cuando el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe era el cardenal Joseph Ratzinger, actual Papa.
La visita de cinco días del pontífice es considerada el primer acercamiento de Benedicto XVI a América Latina, donde reside la mitad de los fieles del mundo, unos 600 millones de personas.
El domingo el Papa inaugurará en Aparecida la V Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe, que reflexionará sobre los desafíos de la Iglesia en la región.
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