La amenaza es mucho más seria en el ámbito químico y sobre todo biológico ya que Irak, según piensa el director del IISS, guardó importantes cantidades de su arsenal anterior a 1991.
Además, explicó Chipman, «Irak puede producir seguramente nuevas reservas de armas bacteriológicas, tales como toxinas de botulismo y ántrax, con sus instalaciones (...) existentes».
Situación similar ocurre con respecto a las armas químicas: Irak «guardó probablemente algunos centenares de toneladas» de gas mostaza, sarín y una variante, el ciclosarín, indicó.
En Bagdad, el diario oficial «As Saura» negó las acusaciones estadounidenses sobre su arsenal. «Son un montón de mentiras, de acusaciones infundadas, orquestadas con los sionistas.»
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