En soledad, murió "el banquero de Dios"
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Paul Marcinkus fue absuelto de todos los
cargos y se exilió en Estados Unidos tras un
acuerdo con la Santa Sede.
Marcinkus se codeó con los principales banqueros estadounidenses y cosechando éxitos como salvar el déficit de la Santa Sede tras el Concilio Vaticano II (1962-1965), cuando ocupaba la Secretaría del IOR, caja fuerte de accionistas y empresarios católicos. Y también fracasos.
Dos personajes se cruzaron en su vida: el banquero siciliano Michele Sidona, cuya bancarrota le costó al Vaticano cerca de 30 millones de dólares; y Roberto Calvi, un modesto contable y presidente del Banco Ambrosiano de Milán, del que el IOR era accionista con 16%. En su quiebra fraudulenta, en 1982, se vio implicado Marcinkus por haber cubierto una serie de operaciones de distracción en el extranjero.
Su socio Calvi huyó a Inglaterra el 11 de junio de 1981 y, siete días después apareció « suicidado», ahorcado en un puente de Londres. Se supo entonces que Calvi figuraba en las listas de los miembros de la P-2 y en las de la masonería inglesa. Saltaron a escena tramas donde se ven envueltas la mafia, la masonería y enredos múltiples sin resolver.
La viuda de Calvi implicó en la quiebra del Ambrosiano a Marcinkus, a Giulio Andreotti, Bettino Craxi y Flamingo Piccolo, y según ella, su marido estaba tratando con el Opus Dei la posibilidad de que éste comprara 16% de la Banca Ambrosiana que hubiera impedido el crac.
Además de Calvi, otro banquero, conocido como el «banquero de la mafia», Michele Sindona, miembro de la poderosa logia masónica P2 como Calvi, murió asesinado en 1986 por sus relaciones con el escándalo financiero.
Contra Marcinkus se dictó orden de búsqueda y captura, pero se refugió en las murallas del Vaticano. Su caso fue llevado a la Corte Suprema italiana, que anuló la orden y dictaminó su no procesamiento en virtud del artículo 11 del Tratado Lateralense, que lo salvó de pasar por la cárcel.
En 1990, el poderoso «banquero de Dios» regresó a sus orígenes, a su archidiócesis natal de Chicago, como simple sacerdote, para ocuparse de las almas y no de los óbolos de Dios.
El Vaticano indicó anoche que «no hará declaraciones oficiales sobre ese tema», afirmó un vocero de la oficina de prensa de la Santa Sede.




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