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3 de mayo 2007 - 00:00

Enfrentamientos que hicieron historia

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París - Los debates televisados entre Giscard y Mitterrand no sólo forman parte de la memoria francesa. También se han convertido en el argumento de una obra de teatro que acaba de estrenarse en París (La Madeleine) para demostrar retrospectivamente que unas elecciones pueden ganarse o perderse con una sentencia o una buena cintura.

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  • 10 de mayo de 1974. Había congregados ante el televisor 25 millones de telespectadores. Una cifra increíble, puesto que el padrón de votantes era de 29 millones. La razón y el morbo estribaban en el cara a cara entre Mitterrand y Giscard. «La Esfinge» era el favorito en los sondeos y arrasó en la primera vuelta, pero incurrió en un exceso de autocomplacencia: «El reparto del crecimiento es cuestión de corazón y no sólo de inteligencia». Respuesta: «Usted no tiene el patrimonio del corazón», dijo Giscard d'Estaing en el momento decisivo del duelo.

  • 5 de mayo de 1981. Mismos actores, distinto desenlace. Porque el presidente y favorito era Giscard d'Estaing. Al menos hasta que Mitterrand comenzó a jugar con las palabras: «Usted es el hombre del pasado... y el hombre del pasivo». La sentencia hizo mucho daño al hígado del jefe del Estado, aunque intentó reponerse con una lección académica sobre el marco alemán. Fue un error. François Mitterrand, seguro de sus facultades, lo miró a la cara y le dijo: «No me gustan estos métodos. No soy su alumno. Aquí usted no es el presidente de la República, sino mi contendiente», remató el patriarca socialista.

  • 28 de abril de 1988. Mitterrand defiende la corona ante Chirac. Y Chirac empieza el combate emulando las artes de «la Esfinge» en el 81. «No me llame primer ministro. Esta tarde usted y yo no somos el presidente de la República ni el primer ministro. Así que me permitirá que yo lo llame señor Mitterrand». Respuesta: «Tiene usted toda la razón... señor primerministro». Fue la antesala de los golpes bajos. El jefe del Estado le reprocha a su premier haber dejado marchar a un súbdito iraní implicado en los atentados de París de 1986. Chirac reacciona de inmediato con una amenaza verbal: «Dígamelo otra vez mirándome a los ojos». Y François Mitterrand no se arredra: «Mirándolo a los ojos yo se lo digo».

  • 2 de mayo de 1995. Chirac contra Jospin. Es un debate de menos hondura y de menos contenido dramático. Al contrario, el futuro presidente de Francia encuentra el arma de la carcajada para ridiculizar los ataques verbales del adversario. «Me habla usted de fuerza de progreso. ¿Son los comunistas una fuerza de progreso?», se pregunta Chirac en alto aludiendo a la alianza del PS con el PCF. Lionel Jospin no está cómodo en el estudio. Titubea, suda. Pero encuentra una frase lúcida cuando el rival cuestiona su papel como primer ministro. «Prefiero cinco años de Jospin que siete años de Chirac.» No era una mala reacción. El problema es que las risotadas del destinatario la convirtieron en polvo catódico.
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