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26 de septiembre 2008 - 00:00

¿Estamos ante fin del imperio?

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Todo lo que nace muere. Murió el Imperio Romano, el Español, el de Gran Bretaña y morirá el de EE.UU. La duda era cuándo ocurriría. Ahora es posible que el principio del fin esté próximo, porque los dislates de Bush tienen esa dimensión. Mientras habla del mercado y critica al populismo latinoamericano, promueve guerras por todo el planeta, controla la vida de las personas y regula el mercado como nunca ocurrió en su país y, con estos «planes de salvataje», concreta las mayores estatizaciones de que tenga memoria el mundo, que tendrán resultados muy negativos para el globo.

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Para los analistas de Wall Street, el crecimiento del PBI mundial histórico es, en promedio, de 3,2% anual, y suele perder punto y medio por un par de años, y luego repunta, con bastante regularidad (cada ocho o nueve). Hoy el mundo sólo crece a 2,9%, a pesar del empuje de emergentes: en 2007, Azerbaiyán creció 31%; Timor Oriental, 24%; Macau, 16%; China, 11%; Emiratos Arabes, 8,5%; la India, 8,5%, etc. El mundo crecería 2,7% en 2008 y 2,5% en 2009, caída que se revertiría en 2010. Dado el aumento de la carga estatal sobre la economía productiva global, esto es muy optimista.

Las acciones cayeron más de 20% en lo que va de 2008, más del doble que en crisis anteriores. Si no fuera porque la crisis global se agrava, el rebote debería ser fuerte, sobre todo considerando que todavía las utilidades están 10% arriba de las de hace 12 meses. La razón precio/utilidad hoy es 14% menor que el promedio de los últimos 35 años.

Fue un exceso de intervención estatal lo que condujo hasta la crisis « subprime», que se originó cuando Alan Greenspan conducía la Reserva Federal (Fed), ofreciendo tasas tan bajas como 1%, provocando un excesivo pedido de créditos que -muchos- luego resultaron insolventes a medida que la misma Fed comenzó a aumentar las tasas. Para colmo, esto provocó un descenso en el valor de las propiedades, con lo cual muchos se encontraron con hipotecas que no convenía pagar dado el bajón en el precio de los bienes, acelerando el proceso.

  • Respaldos

  • En cambio, una de las cosas que esta crisis demostró es que la política monetaria de los bancos centrales estatales (como la Fed) es nefasta. En Panamá, al no existir banco central, las tasas son el resultado del manejo responsable de cada banco privado y así han mantenido un sistema sumamente estable. Los bancos centrales inyectaron impresionantes cantidades de dinero y, sin embargo, la crisis empeoró. Ahora, la Fed, el Banco Central de Europa y los de Suiza, Inglaterra, Canadá y Japón han decidido inyectar otros u$s 180 mil millones.

    Freddie Mac y Fannie Mae (las FM) eran entidades de «propiedad y gestión privada», pero respaldadas por el Estado (Government Sponsored Enterprises), lo que le quitaba eficiencia al aislarlas de la competencia. En las empresas estatales, el criterio no es la eficiencia económica,sino las «prioridades políticas». Por ejemplo, las FM pedían la HUD-1 Declaration, que exigía al que pedía el crédito hipotecario un ingreso mínimo fijo. Por razones políticas, los republicanos ordenaron que dejaran de exigir la HUD-1 Declaration, lo que apoyaron los demagogos demócratas con la excusa de permitir el acceso al crédito a los más pobres.

    Las FM tienen 40% de las hipotecas de EE.UU. Supuestamente, u$s 200 mil millones se van a invertir en la operación de salvamento, pero, a la larga, serán más. Después, la Fed ofreció u$s 85 mil millones en créditos para rescatar a la American International Group (AIG), a cambio de 80% de la propiedad de la firma, Y ahora se le suma esta friolera de más de medio billón en «rescate financiero». Para eso, el gobierno creará nuevo dinero ( inflación global) o tendrá que depender aún más de los inversores extranjeros, debilitando todo el sistema financiero y productivo global. O ambas cosas. La destrozada economía latinoamericana sufrirá mucho. Por caso, debido a la recesión global, las materias primas exportadas por la Argentina bajaron 10,9% entre julio y agosto. Y la tendencia sigue.

    Muchos piden más regulación estatal «para evitar estas crisis», pero, precisamente, esta crisis está demostrando el fracaso de estas regulaciones ya que todas estas entidades estaban controladas y supervisadas nada menos que por seis agencias estatales supuestamente autárquicas.

    Las empresas deben quebrar, será duro pero sano, y permitirá que en el futuro, sin intervenciones artificiales por parte de los gobiernos, el mercado crezca con la fuerza de su naturaleza.

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